jueves, 2 de julio de 2026

Veinte abrazos

 


Llevaban dos años bajo tierra sin apenas comida, sin higiene, sin aire fresco, sufriendo torturas físicas y psicológicas por parte del hamás. Sinceramente, a estas alturas pocos pensaban que estos 20 chicos siguieran vivos sin haber enloquecido completamente. Pero han salido vivos. Delgadísimos, demacrados pero sonrientes y todos andando por su propio pie. No puedo imaginar un acto más heroico que haber sobrevivido a eso, y ellos lo han hecho. Las secuelas que arrastrarán de por vida no son nada con el hecho de haberse reencontrado hoy con sus familias y con todo Israel, esos veinte abrazos intensos, vibrantes, esos gritos de alegría, ese llanto desbordado, esos miles de personas reunidas en la Plaza de los Rehenes para verles por primera vez en dos años. Y sus sonrisas.


Si ellos han pasado un infierno, el sufrimiento de las familias también es inimaginable. El hamás ha practicado con esas familias la tortura psicológica, que es una de sus especialidades. Y hay que reconocer que lo hacen bien los hidepu, si todo ese talento lo utilizaran para cultivar unas tomateras y alimentar a sus hijos, otro gallo nos cantara.
 
Han difundido noticias falsas de la muerte de algunos rehenes en cautiverio, han retrasado una y otra vez la entrega de rehenes pactada, han elegido qué rehenes entregar y revelado sus nombres en el último momento, no han permitido que ninguna ong visitara a los rehenes y les proporcionara tratamiento médico, han devuelto cuerpos que no pertenecían a ningún rehén, se han negado a facilitar pruebas de vida y de facilitarlas han mostrado a los rehenes famélicos, torturados y desesperados. No, no se puede imaginar el sufrimiento de esas madres, padres, hermanos, hijos, novios, abuelos cada vez que se pactaba una liberación sin saber si tu ser querido estaba incluido ni si volvería vivo o muerto, cada vez que se recuperaban cadáveres y tardaban unas horas en ser identificados, cada vez que los liberados eran otros, cada vez y cada vez durante dos años que han sido dos eternidades.
 
Varias parejas que fueron secuestradas juntas se han reencontrado en libertad, tras haber sido la mujer intercambiada hace meses y permanecer el hombre en cautiverio. Ha sido emocionante presenciar el reencuentro de Noa y Avinatar, Ariel y Arbel, Matan e Ilana, David y Sharon. Inimaginable el reencuentro de los rehenes con sus hijos, varios de ellos tienen niños pequeños de cuya infancia han perdido dos años.
 
Israel no deja a nadie atrás. A nadie, nunca. Ahora mismo están negociando la devolución de los restos de Eli Cohen, ejecutado en Damasco hace 65 años, con eso está todo dicho. Así que esto no se ha terminado y no se terminará hasta que el último de los rehenes que fueron asesinados esté en casa y luego quedará prevenir, ver qué se hace con Gaza para que esto no vuelva a suceder. No será fácil pero Israel lo hará, le va la vida en ello.


Por los 1200 que murieron el 7 de octubre, por los 915 soldados que han muerto en la guerra, por los 20 últimos que han salido con vida, por los que fueron rescatados sin vida, por todos los supervivientes, por los que fueron secuestrados muertos o asesinados en Gaza y todavía están allí. Veinte abrazos por todos ellos.






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