martes, 17 de enero de 2017

La última batalla de Yoni (Por fin, Israel XI)

XI
La última batalla de Yoni


"Se trataba de un chico intenso y expresivo"

“El 4 de julio de 1976, un grupo de comandos israelíes irrumpió en la vieja terminal del aeropuerto de Entebbe. Su líder, el teniente coronel Jonathan Netanyahu. Su misión, liberar a los 106 rehenes secuestrados por terroristas internacionales y por el ejército ugandés bajo las órdenes de Idi Amin. Una hora más tarde, cuando los rehenes ya se encontraban sanos y salvos y de camino a casa, nacía la leyenda de Entebbe y con ella, la leyenda de Yoni.”

Esta historia sucedió hace muchos años y nada tiene que ver con mi viaje, pero es tan hermosa, tan desgarradora, tan valiente y sobre todo tan israelí que no me resisto a contarla como colofón a esta serie de relatos, por fin, Israel. Ésta es la historia de un hombre y su destino, la historia de una hazaña sin precedentes, la historia de un país milagroso y sus héroes, la historia de todo un pueblo.

La Operación Entebbe, posteriormente rebautizada como “Operación Jonathan” fue uno de los éxitos más espectaculares que se conocen en la historia militar, pero también fue una operación arriesgadísima, que sólo podía ser llevada a cabo por seres tan valientes como insensatos. Aquel 4 de julio de hace ahora cuarenta años, Israel se encontraba contra las cuerdas. Con 106 de sus ciudadanos secuestrados y un gobierno que tenía como consigna no negociar con terroristas; con cientos de familiares de los rehenes exigiendo que se negociara y se les rescatara, y sin posibilidades realistas de una intervención militar en Uganda, a 3600 kilómetros de Israel. El gobernante ugandés era el sangriento dictador Idi Amin, bien conocido en el mundo de aquella época por ser un cacique salvaje sin ninguna piedad por su propio pueblo, y también por congraciarse de vez en cuando con terroristas internacionales. Incluso aunque hubiera negociaciones y éstas surtieran efecto, el tal Amin no era de fiar y el gobierno israelí lo sabía, temían por la vida de sus ciudadanos porque había motivos más que de sobra para temer. Por otra parte la ayuda internacional en aquel momento, como suele pasar cuando se trata de Israel, no sabe/no contesta. Francia y EEUU denegaron explícitamente involucrarse en el asunto por temor a provocar una crisis diplomática con los árabes, así que Israel estaba, como casi siempre, solo ante el peligro.

“No nos enfrentamos a ejércitos reales (con estos se pueden arreglar las cuentas fácilmente) sino a una turba de bárbaros que luchan en pos de “la libertad y el progreso”. No debemos temer a nada: esta pequeña nación judía es capaz de cuidar de sí misma.”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu


EL SECUESTRO

 
El 27 de junio de 1976, un avión de Air France que cubre la ruta Tel Aviv-París, realiza una escala en Atenas. Durante esa escala cuatro terroristas asaltan el avión y se hacen con el control, desviando el vuelo de su ruta y dirigiéndolo a Libia. Además de la tripulación, viajan en el aeroplano 241 pasajeros, muchos de ellos israelíes. Los secuestradores son dos hombres palestinos, más un hombre y una mujer alemanes. En Libia el avión reposta y los secuestradores liberan a una rehén que está embarazada, luego continúan volando hacia Uganda y aterrizan en el aeropuerto de Entebbe. Allí se encuentran varios terroristas más, quienes junto con soldados ugandeses trasladan a los rehenes a la terminal vieja. En breve reciben la visita de Idi Amin, el dictador ugandés que les habla como si fueran sus invitados, les tranquiliza, les dice que van a estar muy bien allí y que pronto regresarán a sus hogares. Haciendo de poli bueno, el tío. 

Idi Amin, dictador de Uganda en 1976
Después se produce una escena escalofriante que los supervivientes todavía recuerdan con horror. Los secuestradores separan a los rehenes en dos grupos: de un lado los que tienen pasaporte israelí o bien aparentan ser judíos por su vestimenta, aspecto, etc, de otro lado todos los demás. En breve el segundo grupo es liberado y los del primer grupo ya saben lo que les espera, con suerte serán canjeados por terroristas palestinos y en caso contrario serán asesinados sin ninguna piedad. Nadie se cree las palabras de Amin y les aguardan unos días de miedo e incertidumbre.

Las demandas de los secuestradores a cambio de la vida de los rehenes no se hacen esperar, exigen la liberación de cientos de terroristas palestinos e internacionales. Sólo 53 de esos terroristas se encuentran presos en Israel, el resto está en otros países, lo que hace prácticamente imposible satisfacer dichas demandas. El plazo estipulado es de cuatro días, si el 1 de julio a las 14.00 horas no se ha liberado a todos los presos, los secuestradores comenzarán a ejecutar a los rehenes.

Plano de la terminal vieja del aeropuerto de Entebee
Los terroristas se vienen arriba una vez que tienen hecha la parte más difícil, secuestrar el avión y conducirlo a Uganda. Allí, protegidos por el dictador y su ejército, se sienten seguros y ya sólo les queda esperar o bien la capitulación total de Israel o bien la renuncia del gobierno israelí a salvar la vida de 106 de sus ciudadanos, lo que supondrá en ambos casos un terrible golpe para el pequeño país y una enorme victoria para los terroristas. No cuentan en ningún caso con una tercera posibilidad: lo que son capaces de  hacer Jonathan Netanyahu y sus hombres.

Michel Bacos era el piloto del avión de Air France secuestrado. Cuando supo que se iba a liberar a algunos rehenes, Michel pidió a los secuestradores quedarse hasta que el último rehén hubiera sido liberado, después de haber hablado con su tripulación y de que todos hubieran decidido lo mismo. Bacos no era israelí ni judío y los miembros de su tripulación posiblemente tampoco, pero consideraron que era su obligación no abandonar a sus pasajeros y se quedaron con ellos. No hay forma de saber si en otro caso los secuestradores les hubieran dejado marchar, pero su gesto fue muy elogiado por los pasajeros, por las autoridades israelíes, por todo el mundo… excepto por su empresa. La compañía Air France impuso una sanción a Bacos al considerar que había puesto en peligro inútilmente la vida de los miembros de su tripulación. Ver para creer.

Michel Bacos, el piloto del avión secuestrado

LA REACCIÓN
 
La lucha en su sentido estrictamente militar no fue la única que tuvieron que llevar a cabo los soldados israelíes para rescatar a los rehenes, antes fue la lucha contra la corrección política y los reparos de su propio gobierno. El riesgo de provocar un grave incidente internacional era muy elevado y como bien es sabido, en estos casos siempre se juzga a Israel con un doble rasero. La comunidad internacional condena el secuestro, pide tibiamente la liberación de los rehenes y ahí se queda, para a continuación afilar las garras… ¡CONTRA ISRAEL! porque la mayor preocupación de todo el mundo en esos momentos no parece ser el daño que puedan sufrir 106 inocentes pasajeros, sino el que puedan sufrir los terroristas si hay un rescate. Ahí todo el mundo saca la Convención de Ginebra junto con los Derechos Humanos, y a mirar con lupa que Israel no se salte ni una coma porque de lo contrario recibirá sanciones, protestas, acusaciones de genocidio, expedientes ante la ONU, etc. A los terroristas únicamente se les pedirá, y con la debida educación, si tienen a bien ser buenos chicos y liberar a los rehenes voluntariamente, aunque se hayan pasado la vida limpiándose el cristal de las gafas con la Convención de Ginebra y los Derechos Humanos. Así son las cosas en este mundo y así sabe Israel que son, por eso sus actuaciones en este campo no tienen nada que ver con las actuaciones de cualquier otro país.

“It can be done, and if somebody have to do it, is us”
“Puede hacerse, y si alguien puede hacerlo somos nosotros.”

Teniente Coronel Jonathan Netanyahu


Peres, Rabin y Bacos
Pero el hecho de que la imagen de Israel ante el mundo pudiera salir mal parada debía parecerles el menor de los males a Simon Peres, Ministro de Defensa en aquella época, Yigal Allon, Ministro de Asuntos Exteriores e Isaac Rabin, Primer Ministro de Israel. El problema era que la vida de los rehenes pendía de un hilo y si se realizaba un rescate militar, la vida de los mejores soldados de Israel pendería de otro. Si se hubiera dejado el más mínimo detalle sin planificar, si algo no hubiera salido como se esperaba, si alguien hubiera cometido un error por nimio que fuera o simplemente si hubieran tenido mala suerte, la tragedia habría sido terrible. Ni uno solo de los 106 rehenes, ni uno solo de los militares que se desplazaron a Uganda para rescatarlos hubiera regresado a Israel, ni vivo ni muerto. Ése era el temor del gobierno y ésa fue la primera misión de los militares, convencerles de que el rescate era posible y de que si alguien podía hacerlo eran ellos.

Pero ningún político tenía claro que una intervención militar fuera una buena idea dado el tremendo riesgo que representaba, así que la primera opción de Peres fue entablar conversaciones con los secuestradores. Ello contradecía su estricta política de no negociar con terroristas, pero la situación era demasiado grave y las opciones demasiado escasas, así que Peres negoció, y consiguió que el plazo se alargara en tres días, hasta el 4 de julio. Fue un respiro vital.

“Rechazando ponerse de rodillas frente al chantaje y el terror, una nación asediada de sólo tres millones de personas envía a sus mejores hombres a miles de kilómetros, a un país hostil en una misión plagada de riesgos.”


LA OPERACIÓN
 
La operación comenzó mucho antes de que nadie pensara que era posible realizarla, la inteligencia israelí empezó a trabajar automáticamente en cuanto se supo del secuestro y en dos horas ya tenían planos y vídeos de la terminal de Entebee, lo cual tiene un mérito inmenso teniendo en cuenta que hablamos de 1976 y la tecnología más avanzada de la que disponían era un teléfono de rosca, ni internet ni nada que se le parezca. Pero una gente capaz de cultivar flores en el desierto puede con eso y con más. Aún así, fue una operación en la que por cuestión de tiempo apenas hubo trabajo de inteligencia, y eso ya la hacía mucho más arriesgada y complicada que cualquier otra de las llevadas a cabo hasta entonces, sin contar la enorme distancia y el terreno hostil al que había que desplazarse.

“La misión de la Unidad era tomar el control de la terminal vieja, eliminar a los terroristas, liberar a los rehenes, eliminar cualquier amenaza que pudieran suponer los soldados ugandeses dentro y alrededor del edificio, llevar a los rehenes liberados hasta el cuarto avión y escoltar a los otros aviones y al resto de las fuerzas israelíes desde la retaguardia, hasta que hubieran abandonado Entebbe.”

Sayeret Matkal con Yoni como comandante
La Sayeret Matkal es una minúscula parte del ejército israelí de la que no se sabe casi nada. Es una unidad de élite que se encarga de misiones secretísimas y de alto riesgo, y en la que pueden servir sólo los mejores. Sus miembros están constantemente sometidos a entrenamientos casi inhumanos tanto física como psicológicamente, pero todos son voluntarios y se considera un alto honor pertenecer a la Unidad aunque sus identidades se mantengan siempre en secreto. Nadie sabe quienes son, pero en ocasiones como la que nos ocupa todo un país depende de su trabajo. Israel en 1976 aún se recuperaba de la guerra de Yom Kippur, especialmente sangrienta y con muchas pérdidas para los israelíes, y si en Entebbe morían rehenes o los soldados eran capturados, el país entero se hundiría anímicamente. La responsabilidad de la Unidad iba más allá de salvar las vidas de los rehenes y las suyas propias, estaba en juego el futuro de su país. Y Yoni Netanyahu, como comandante de la Unidad, lo sabía muy bien.

“Y sentías que era un hombre íntegro, pero también sentías algo más: que cargaba al mundo entero sobre sus espaldas”
Teniente Coronel Rami Dotan

El plan consistía básicamente en enviar a Uganda aviones Hércules volando a muy poca altura para evitar los radares del espacio aéreo árabe que se veían obligados a atravesar. En el primer avión irían las fuerzas de asalto con Yoni a la cabeza; en el segundo y tercero, los refuerzos que se encargarían de asegurar el perímetro del aeropuerto; el cuarto estaba destinado a evacuar a los rehenes y prestar ayuda a los heridos, en él se instaló un hospital de emergencia y allí viajaba el personal médico. En total cuatro aviones, varios vehículos dentro de ellos y casi 200 soldados.

Yoni con otros dos oficiales, preparando la operación

La operación se realizaría a medianoche con el aeropuerto cerrado, con lo que era lógico pensar que las luces de las pistas estarían apagadas. Pese a que los aviones disponían de un sistema de radar para encontrar la ruta adecuada aún a oscuras, en un momento de la preparación se planteó al teniente coronel Shiki Shani, uno de los pilotos, la posibilidad de que el radar fallara y no hubiera manera de localizar la pista de aterrizaje, algo que obviamente preocupaba mucho a todo el mundo. La respuesta de Shani fue, literalmente: “si veo que el terreno está oscuro y el radar no encuentra la pista, cogeré la radio y hablaré en inglés con la torre de control, les diré que soy el piloto del vuelo 70 de la East African Airlines, que ha habido un fallo eléctrico general y es una emergencia. Les pediré que enciendan las luces de la pista inmediatamente. Ningún controlador del mundo dejaría de encender las luces después de oír eso, nadie estaría tan loco como para arriesgarse a estrellar un avión con 200 pasajeros a bordo. Encenderán las luces y aterrizaremos, para cuando se den cuenta de lo que de verdad está pasando, la operación ya habrá terminado, ¿de qué os preocupáis?”
Como se puede apreciar, Shiki era un piloto israelí con mentalidad israelí, en estado puro.

Ruta de Israel a Entebbe
La diplomacia consiguió que Kenia, el único país no hostil a Israel en todo el recorrido, diera permiso a los aviones para repostar allí, ya que era imposible cargar con todo el combustible necesario para el viaje de ida y vuelta. La operación iba poco a poco cobrando forma y pareciendo más realizable, pero muy poco a poco. El plan se revisaba y se pulía una y otra vez, los ensayos del asalto se repetían hasta la extenuación, todos se estaban dejando la piel y las fuerzas en preparar una operación que diera resultado, aunque muy pocos confiaban en que los políticos se decidieran a llevarla a cabo.

Al final, tanto Peres como Rabin decidieron dar su aprobación al plan de rescate, y el segundo escollo fueron los engorros de cualquier democracia que se precie: ninguno de los dos ministros podía autorizar por su cuenta una operación de ese calibre sin la aprobación del Parlamento y se tardaría varias horas en reunir al Parlamento, plantear el debate y votar, pero los aviones tenían que salir inmediatamente si querían llegar a Uganda a medianoche, el momento exacto según el plan para que la misión pudiera tener éxito. El plazo terminaba y no habría otra oportunidad, ¿qué hicieron los militares? solucionar el problema a la manera israelí, irse a Uganda sin permiso del Parlamento. Los ministros se comprometieron a reunir inmediatamente al Parlamento y tener ese permiso concedido o denegado en unas pocas horas, y los militares se comprometieron a dar la vuelta a medio camino y volver a Israel si finalmente el permiso era denegado, pero agarraron los aviones y se fueron para Uganda por si acaso. Exacto, a la manera israelí, con un par.

  
“Yoni era capaz de sentir tanto la belleza del retorno a Israel, como el amargo placer de su difícil papel en él.”
 
El vuelo fue largo y accidentado, debido a que debían volar a muy baja altura para evitar los radares, durante las primeras horas sufrieron fuertes turbulencias. Los soldados se mareaban y vomitaban, más de uno pensó que en cuanto aterrizaran en Uganda y tuvieran que llevar a cabo el rescate, sería incapaz de ponerse en pie. Jonathan mientras tanto repasaba los detalles del plan con sus oficiales, a uno de ellos que se había incorporado a última hora, le dibujó un croquis de la terminal ugandesa en una bolsa para el mareo que encontró por el avión. Luego se tumbó en una litera, y por primera vez en una semana caótica, se durmió como un bebé.
Un rato antes del aterrizaje, Yoni ya había despertado de su sueño reparador y volvió a tomar las riendas, fue saludando a todos sus hombres uno por uno, estrechándoles la mano y deseándoles suerte.

“Fue un discurso que jamás olvidaré -dice Alex, uno de los soldados de asalto-. Nos infundió confianza y nos hizo sentir que éramos capaces de lograrlo. Su liderazgo y su capacidad de conmovernos eran simplemente superiores a todo lo demás.”

Croquis de última hora
Ya no había marcha atrás, poco después de medianoche los comandos israelíes aterrizaban en el aeropuerto de Entebbe. Del primer avión Hercules bajaron un Mercedes negro y dos Land Rovers, todos con falsas matrículas ugandesas, ondeando la bandera ugandesa y repletos de soldados israelíes ataviados como si fueran soldados ugandeses. La idea era hacer creer a los guardias del aeropuerto que se trataba del mismo Idi Amin visitando a medianoche a los rehenes, y fue una genial idea que surtió efecto. Sólo tuvieron que eliminar a dos de los guardias con pistolas provistas de silenciador antes de que el resto se dieran cuenta de la farsa y abrieran fuego, pero para entonces los israelíes ya estaban prácticamente junto a la terminal, y los terroristas demasiado ocupados tratando de repeler el ataque como para ponerse a ejecutar rehenes. Había funcionado. Bajo el fuego cruzado, los soldados de la Unidad corrieron hacía la puerta de la terminal, y durante esa corta carrera, varios de ellos vieron como su comandante caía al suelo. Jonathan había recibido un disparo en el pecho, se desplomó y quedó tendido sobre el asfalto, a pocos metros de la terminal y los rehenes.

“Habrá hombres heridos durante el asalto -dijo- que nadie se detenga a auxiliarles.”

“Alguien gritó que habían alcanzado a Yoni, pero los hombres continuaron con sus tareas siguiendo las órdenes de Yoni de no prestar atención a los heridos hasta que los rehenes hubieran sido liberados.”


Amarga decisión, muy amarga, pero imprescindible para asegurar el éxito de la operación.  Dando esas órdenes, el propio Yoni impidió que se le prestara auxilio en un momento vital, pero prestarle ese auxilio quizá hubiera comprometido la seguridad de los rehenes y de otros soldados así que sus compañeros le dejaron allí y siguieron adelante con el plan de rescate. Qué duro debió ser para ellos.

El número cuatro marca el lugar donde Yoni fue herido, poco antes de la puerta principal de la terminal donde se encontraban los rehenes 

Los soldados entraron en el hall de la terminal gritando a los rehenes que se quedaran tendidos en el suelo, y disparando a los secuestradores. En pocos minutos habían neutralizado a todos los terroristas y soldados ugandeses que vigilaban a los rehenes, luego parte de ellos salieron para asegurar el resto del edificio y los demás se quedaron organizando la evacuación. Los rehenes estaban casi todos en estado de shock, apenas podían creer lo que acababa de suceder allí, pero poco a poco empezaban a darse cuenta y más de uno no pudo reprimir una explosión de alegría. Después de una semana de privaciones, de incertidumbre y angustia, “la salvación llegó de repente, en forma de jóvenes israelíes surgiendo de la noche”. Exactamente 51 minutos después de que los comandos tomaran tierra en Entebbe, el Hercules Cuatro despegaba de la misma pista llevando a bordo a los rehenes rumbo a Israel, rumbo a casa.

Cuando los rehenes empezaron a salir de la terminal, Yoni seguía tendido en el suelo frente a la puerta y estaba inconsciente. Entonces ya pudieron sus compañeros acercarse  a él y un médico le examinó allí mismo, vio una herida en el brazo que no parecía grave y un agujero de salida de bala en la espalda, pero tuvo que rasgar la ropa para encontrar el agujero de entrada en el pecho, que apenas sangraba. Supo enseguida que Yoni tenía una gran hemorragia interna y que la situación era crítica, así que le subieron rápidamente a una camilla y le llevaron al avión hospital, donde los médicos se pusieron a trabajar frenéticamente para salvarle la vida.

“No pienso pedir permiso, si Amin está allí, le mataré”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu, 1976, durante el vuelo a Entebee


Dora Bloch
Una de las rehenes, Dora Bloch, se había sentido enferma después de unos días de estar retenida en la terminal del aeropuerto y había sido trasladada a un hospital. Dora era una judía británica de 75 años que vivía en Israel y viajaba junto a su hijo Ilan, a quien no le fue permitido acompañar a su madre. En el hospital diagnosticaron a Dora un ataque cardíaco, y tras ser tratada por los médicos ugandeses su vida no corría peligro aunque tuvo que quedarse allí. Dora recibió la visita del embajador en Uganda del Reino Unido, quien declaró que había conversado con ella y la había encontrado bien, recuperándose y animada. Esa misma noche se produjo el rescate y como era de esperar eso cabreó enormemente a Idi Amin… al día siguiente el embajador del Reino Unido repitió su visita pero Dora había desaparecido y nadie sabía donde estaba, pese a la insistencia del embajador nadie le decía nada, como si la mujer no hubiera estado allí nunca. Al final, una aterrorizada enfermera le contó a escondidas que a Dora la habían asesinado los hombres de Idi Amin, dejando caer que había sido el propio dictador quien la mató de un tiro en la cabeza. Sí, le pegó un tiro en la cabeza a una indefensa mujer de 75 años, a una anciana tendida en la cama de un hospital que había sufrido en pocas horas un secuestro aéreo y un ataque al corazón, y cuyo único delito era ser judía ¿quién no querría matar a un tipejo capaz de semejante atrocidad? Yoni sabía a qué clase de sádico se enfrentaba y por eso quería matarle, por eso le habría matado de haber tenido la mínima oportunidad. El cuerpo de Dora apareció unos días después tirado en un descampado de los alrededores de la ciudad. El gobierno de Uganda nunca dio una explicación oficial de lo que había sucedido con ella.

Algunos de los rehenes liberados, bajando del Hércules a su llegada a Israel

Yitzhak David era otro de los rehenes israelíes. Si para cualquier persona lo que estaba pasando sería una terrible experiencia, para Yitzhak lo era doblemente puesto que tuvo que revivir la peor etapa de su vida, la que llevaba años tratando de dejar atrás aunque nunca se puede. Él ya era un anciano en 1976 pero aún conservaba su “número” en el antebrazo, el que le habían tatuado en el campo de concentración nazi donde estuvo prisionero en su juventud.

Además de Dora, otros tres rehenes murieron durante el asalto a consecuencia del fuego cruzado entre los soldados israelíes y los terroristas. Sus nombres eran Jean Jacques Maimoni, Ida Borokovitch y Pasco Cohen.

El soldado Amir Ofer ayudaba organizar la evacuación de los rehenes cuando otro compañero le pidió ayuda, porque había una mujer muy alterada que no hablaba hebreo. Amir se dirigió a ella y la chica le dijo a gritos que se encontraba gravemente herida y que no podía andar. Amir comprobó que sólo tenía un par de heridas leves en el antebrazo y en el muslo, y le dijo que saliera con los demás rehenes y que en el avión la vería un médico pero la mujer seguía medio histérica, sin hacerle caso. Finalmente el jefe de Amir le dijo “vamos, sácala de aquí como sea”, y el soldado obedeció y cargó a la mujer sobre sus hombros para llevarla al avión. Al salir les rozó muy de cerca una bala, y el pobre Amir pensó que si les estaban disparando desde la torre la próxima bala caería en su cabeza, y no tenía ninguna gana de morir por culpa de aquella testaruda que no atendía a razones. Así que no se lo pensó mucho y recolocó a la chica sobre sus hombros pero entre su propia cabeza y la torre, de manera que si caía otra bala le daría a ella. Por suerte no hubo más balas, sólo unas cuantas risas por parte de Amir cuando unos días después vio a la mujer en televisión diciendo a los micros: “todo el mundo se había olvidado de mí excepto un soldado, un héroe que me salvó y me sacó de allí en brazos”. Menuda película que se había montado la chavala, ¿se daría cuenta alguna vez de que su estupidez por poco les cuesta la vida a ella y al héroe?

“Los dos disparos del ugandés fueron el único fuego en la nueva terminal, pero para Surin significaron el principio de una sentencia de por vida.”


Sargento Surin Hershko
Surin Hershko, de 21 años, sargento de la unidad de paracaidistas, se había licenciado el día anterior al secuestro. Cuando fue requerida su participación en la operación de rescate, no lo pensó dos veces y se reincorporó a su puesto. En Entebbe, Surin y sus compañeros se encargarían de asegurar el edificio de la nueva terminal, reteniendo al personal civil hasta que el rescate hubiera finalizado. En principio no se esperaba que hubiera soldados ugandeses en la torre, así que los israelíes recibieron la orden de dejar puesto el seguro de sus armas, orden que Surin obedeció con consecuencias fatales.

Surin subía por una escalera de caracol con nula visibilidad, cuando se encontró de repente frente a dos policías ugandeses, uno de los cuales le disparó de inmediato. Al llevar puesto el seguro en su arma no tuvo tiempo de reaccionar y una de las balas le dio en el cuello. Cuando llegaron sus compañeros Surin estaba completamente consciente pero no podía hablar ni moverse, y sangraba por el cuello. Aunque supo enseguida que tenía la médula espinal afectada, en ese momento no se dio cuenta de lo grave que era su herida, ni de que las secuelas durarían para siempre. Desde ese día Surin vive sentado en una silla de ruedas y aunque recuperó el habla quedó tretrapléjico, jamás ha vuelto a andar ni a mover los brazos. Aún sonríe cuando recuerda Entebbe, y dice que a los 21 años nunca piensas que algo así pueda sucederte.


YONI
 
Cuando Yoni era atendido por los médicos al pie del avión, durante un momento recuperó en parte la consciencia. En ese momento se oían fuertes disparos y su instinto de soldado fue superior a la grave situación en que se encontraba, intentó levantarse y murmuró algo que los demás no consiguieron entender, antes de perder el conocimiento de nuevo. 

La última foto de Yoni, justo antes de Entebbe
Yoni murió unos minutos después en el avión ya en el aire y camino de Israel, tras varios intentos tan desesperados como inútiles por reanimarle. Su hermano Iddo se pregunta con cierta amargura si esos segundos en la camilla fueron suficientes para que se diera cuenta de que lo habían conseguido, de que habían liberado a los rehenes sin apenas bajas, de que la operación en la que se dejó la vida iba a pasar a la historia como uno de los mayores éxitos de su amado ejército. No podemos saberlo, pero me gusta pensar que sí. Jonathan Netanyahu es uno de esos personajes de los que alguien que escribe se enamora inmediatamente, uno de esos seres a los que se admira en cuanto se conoce un poco sobre él. Murió hace cuarenta años y escribiendo este artículo he llegado a quererle como a uno de mis mejores amigos, así que quiero pensar que sí, que lo supo, que después de su corta y atormentada existencia encontró por fin la paz en esos segundos en los que por última vez estuvo consciente. Quiero pensar que murió con una sonrisa en el corazón y con la satisfacción del buen soldado que ha cumplido con su deber.

“Así es como son los héroes del siglo XX. Éste es el tipo de hombre que el mundo libre necesita hasta que las tiranías que engendra el terrorismo hayan caído.”

Por si a alguien le suena el apellido sí, Jonathan era el mayor de tres hermanos, el segundo de los cuales, Benjamin, es hoy en día el Primer Ministro de Israel. Pero en aquella época mediados los 70, los dos no eran otra cosa que jóvenes y desconocidos soldados, al igual que miles de sus compatriotas.

Los jóvenes hermanos Netanyahu, de izquierda a derecha Benjamin, Iddo y Jonathan

“Un hombre que comprendió que el bien no podría luchar contra el mal si carecía de la fuerza física necesaria para defenderse.”

Tan políticamente incorrecto como acertado. Para nuestras comodonas mentes occidentales, tan acostumbradas al “paz y amor” y a que todo se arregla con diálogo, suena cruel, pero los israelíes saben perfectamente que cuando alguien está firmemente decidido a matarte, más vale que lo mates tú primero; que cuando toda una civilización está firmemente decidida a exterminar la tuya, más vale que lo impidas por la fuerza. Y por supuesto que soy partidaria del diálogo y creo que muchas cosas se solucionan mediante el diálogo y la negociación, pero cuando quien está enfrente no te deja esas opciones hay que estar preparado para utilizar la fuerza. En ese aspecto soy tan políticamente incorrecta como Jonathan y la gran mayoría de los israelíes, ellos al fin y al cabo llevan 68 años viviendo con ese dilema y tienen las cosas más claras que los europeos. Ignorantes como somos, no nos hemos dado cuenta aún de lo que se nos viene encima si seguimos pretendiendo que todo se arregla con amor y tolerancia.

“Más tarde o más temprano es el destino de alguien como Yoni: el choque inevitable entre su extraordinaria personalidad y las cosas que ve alrededor y que no puede aceptar.”

“Mi vida me pertenece, y también mi muerte”
Yoni Netanyahu, a sus hermanos

Jonathan, siendo un joven soldado
Jonathan fue desde siempre un chico introvertido. Pese a ser muy apreciado por sus compañeros tanto en el ejército como fuera de él, siempre mantuvo un halo de misterio. Quienes le conocían sabían que llegados a cierto punto se volvía impenetrable, se quedaba a solas hablando con sus pensamientos y seguramente luchando contra algunos de ellos. Yoni tenía una de esas mentes privilegiadas y tormentosas que se dan pocas veces en la vida. Estudió filosofía y matemáticas en Harvard y en la Universidad Hebrea de Jerusalén, cumplió el servicio militar obligatorio, retomó sus estudios… y los dejó a medias porque no podía vivir ni un día más sin dedicarse íntegramente a proteger a su país.

“Dado que no tengo pensado narrarles a mis nietos la historia del Estado Judío en el siglo XX como un breve y transitorio pasaje entre los miles de años de nomadismo, pienso aferrarme a este pedazo de tierra con todas mis fuerzas.”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu

Yoni tomó entonces dos decisiones difíciles y a contracorriente: volver al ejército y volver a formar parte de la Unidad. Podría haber terminado sus estudios y haber trabajado toda su vida dando clases, podría haber estado en cualquier puesto mucho menos exigente que la Unidad, pero hizo lo que él necesitaba hacer, lo que su cuerpo y su cabeza le pedían aunque nadie lo entendiera. En ese tiempo ya llevaba varios años casado y su matrimonio se resintió tanto que acabó rompiéndose. Mientras decía echar de menos la felicidad conyugal de sus hermanos, el eterno solitario Yoni era capaz de amar con una intensidad desgarradora. A su país, a su familia, a su trabajo y a las mujeres que tuvieron la suerte de conocerle y quererle.

“Y amo con ataduras casi insoportables, y por eso grito.”

“Menos mal que te tengo a ti, y menos mal que tengo un lugar donde descansar mi agotada mente.”
Yoni Netanyahu, en sus cartas

Yoni con Tutti
Tutti fue su primera mujer, con la que se casó muy joven y con quien siempre mantuvo una buena relación incluso después del divorcio; Bruria fue su última novia, la que le dio el beso de despedida antes de partir a Entebbe y ya nunca pudo volver a besarle. La tendencia de Yoni a encerrarse en sí mismo no debió de facilitar en absoluto sus relaciones personales; tampoco debió ser fácil estar a su lado, pero ellas estuvieron.

Algún tiempo después de la guerra de Yom Kippur, Yoni estaba contándole a su hermano Iddo los pormenores de una batalla en el Golán contra el ejército sirio, en la que había participado y en la que él y sus hombres habían logrado conquistar una posición frente a un grupo de soldados sirios mucho más numeroso. En un momento determinado, Yoni  le dice: “pobres sirios, qué mala suerte ir a darse de frente con la mejor unidad de combate del mundo.” E Iddo añade: “y yo pensé, aunque no se lo dije, que habían tenido peor suerte aún: habían ido a darse de frente con él”. Así era el Yoni guerrero, tan humilde como inquebrantable.

Al regreso de Entebbe, la noticia de la muerte de Yoni empañó la alegría del éxito de la operación. Las manifestaciones de júbilo se sucedían por todo el país, pero quienes habían conocido a Yoni sentían más la amargura de su ausencia que el alivio por los rehenes y el regocijo de la victoria. El ministro de Defensa Simon Peres reconoce que el momento en que se enteró de la muerte de Yoni, fue el único de toda esa terrible semana en que no pudo contener las lágrimas. Cuando preguntó al Mayor Muki Betser cómo fue que Yoni resultó herido, éste simplemente le respondió: “avanzaba el primero y cayó el primero.”


Benjamin Netanyahu visita con su esposa la tumba de su hermano Jonathan
“La única manera de luchar es renunciar a tener miedo, renunciar a rendirse”
Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel





“A pesar de todo, hay algo de mágico en lo que estamos haciendo.”

“Quién más ama la vida es quien menos teme a la muerte.”

Yoni Netanyahu, en sus cartas.

PD: todas las citas de este artículo, han sido extraídas de los libros “Las cartas de Jonathan Netanyahu” y “Yoni´s last battle”.






jueves, 8 de diciembre de 2016

Je suis Belgique (Por fin, Israel X)

X
Je suis Belgique
Es mi último día en Israel. Acabamos de disfrutar de las bellísimas cuevas de Ros Hanikra y la fortaleza de San Juan de Acre, nos dirigimos a Cesarea y el chófer, que va oyendo la radio, nos informa de los atentados en Bruselas. De nuevo la rabia, la indignación y una profunda tristeza. De nuevo constato que esto no ha hecho más que empezar, que toda Europa tiene un gravísimo problema con el islam, y en vez de mano dura frente al terrorismo tenemos partidos que se niegan a firmar el pacto antiyihadista a la vez que exigen suprimir las procesiones de Semana Santa porque ofenden a “nuestros hermanos musulmanes”. ¿De verdad? ¿os manifestáis en contra de las procesiones pero no en contra de los atentados? ¿no os ofenden los atentados? Y tampoco sería suficiente manifestarse en contra de los atentados, aunque sea una poca vergüenza no hacerlo. Los musulmanes son en el mundo 1600 millones de personas, de los cuales 400 millones (ojo al dato) matan o están dispuestos a matar por el islam mientras el resto callan bajo sus velos y sus chilabas. Y no es suficiente, los musulmanes verdaderamente pacíficos han  de estar TODOS no sólo exigiendo que cesen los atentados, sino exigiendo además una revolución en el islam: que se acabe el terrible maltrato que sufren en su nombre mujeres, niños y hombres homosexuales; que la apostasía sea respetada y no castigada con la muerte; deben estar denunciando en una comisaría al imán que predica en una mezquita europea la obligación de todo buen musulmán de participar en la guerra santa por el islam; deben estar en sus hogares europeos asimilando en su totalidad los valores y derechos occidentales, renunciando si es necesario A LO QUE HAGA FALTA. Puede usted comer cous cous, no puede usted pegar a su mujer, así de sencillo, o lo acepta o se va usted a vivir a un país islámico de los muchos que hay en el mundo. Pero me canso de decirlo, en serio.

"Al infierno la democracia". Cartel portado por un musulmán moderado, en Europa.

Políticos europeos: mano dura, durísima con el terrorismo yihadista. En vez de criticar tanto a Israel ¡aprendan de él! Lo que está pasando ahora en Europa lleva pasando en Israel 70 años y los israelíes han plantado cara al terrorismo. Neutralizan a cualquier terrorista en acción pegándole un tiro, construyen muros, ponen un soldado armado en cada esquina, cachean veinte veces a cualquier persona y equipaje que haya de subir en un avión, revisan a fondo bolsos cuando uno ha de entrar a visitar un monumento turístico… medidas todas ellas engorrosas e impopulares, pero que salvan vidas. Hoy en Israel sólo queda opción a los lobos solitarios apuñaladores. Brutales, salvajes y malvados como ninguno, pero menos efectivos a la hora de matar a mucha gente que los suicidas con cinturón bomba o los que van a un restaurante armados con metralletas. Israel no ha conseguido erradicar totalmente el terrorismo palestino, pero lo pone cada vez más y más difícil. En Europa damos la más calurosa bienvenida a nuestros “hermanos musulmanes” y se lo ponemos a huevo a sus hermanos terroristas. Y luego nos quejamos, y así nos va.

Boicoteando, que es gerundio
 



Presten atención a esta foto, es de 2014 durante la última guerra de Gaza. En ella se ve a miembros del movimiento BDS, profundamente racista y antisemita pero disfrazado de ONG y subvencionado con dinero público, protestar por las presuntas brutalidades del ejército israelí en la guerra. Lo hacen derramando pintura roja, en alusión a la sangre palestina que se está derramando en ese momento en Gaza.

El lugar de la protesta no es otro que el aeropuerto de Bruselas, donde ayer los amiguitos de los palestinos derramaron no pintura, sino sangre de verdad, y mucha, muchísima. Pero sangre europea, no palestina, así que el BDS cremallera en boca y mano extendida para cobrar subvenciones.

Para boicotear a Israel, ¡no uses Facebook!
Una de las exigencias de los boicoteadores, es que la gente no compre productos israelíes en general, y muy especialmente aquellos que son fabricados en los territorios bajo autoridad palestina. Y aquí es donde su absoluta ignorancia me deja con la boca abierta, porque dicen defender los intereses de los palestinos pero no parecen saber que las empresas israelíes, tanto en Israel como en los territorios, son el único medio que tienen los palestinos de ganarse la vida honradamente. La Autoridad Palestina recibe de la ONU más dinero que países maltratados por el hambre y la miseria; Hamás en Gaza reciben igual o más de los países árabes que nos venden su petróleo, pero ni unos ni otros emplean un sólo céntimo en hacer avanzar a su pueblo, en que los palestinos tengan una educación completa, en crear una economía solvente que permita a la gente tener trabajo. No, Hamás emplea ese dineral en mansiones en Qatar para sus dirigentes, y en cohetes, otras armas y túneles para atacar (seguir atacando, después de 70 años) a Israel. No en vano en su carta fundacional puede leerse "Israel existe y existirá hasta que el islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros", además de una sarta de barbaridades y mentiras históricas que impresionan, no tiene desperdicio la cartita de marras. Mientras tanto, la Autoridad Palestina emplea su presupuesto en subvencionar a las familias de los mártires. Cuando un terrorista comete un atentado y es abatido por el ejército israelí, se le considera un mártir y su familia recibe una cantidad que puede rondar los 3000 euros al mes durante un tiempo; agotado ese tiempo tienen que ofrecer otro hijo mártir a la causa para seguir cobrando. El resultado es que en las escuelas sólo se enseña el corán, una historia falseada según la cual los palestinos han sido los primeros habitantes del planeta, y en la sección de prácticas, cómo hay que acuchillar a un judío. Los niños inyectados de odio desde la más tierna infancia, y los terroristas cada vez más jóvenes e ignorantes, ése es el gran logro de los gobernantes palestinos a día de hoy.

"Quiero apuñalar a un judío", el abc de los niños palestinos.
Frente a ese panorama, los palestinos que estudian y/o trabajan en Israel pueden beneficiarse de universidades que están entre las mejores del mundo y de empleos honrados con salarios dignos, pero tienen que pasar todos los días los engorrosos checkpoints de los que tanto se quejan. La mejor solución está bastante clara: que empresas israelíes o de otras nacionalidades, se instalen en los territorios palestinos dando trabajo a la población local. Una auténtica aberración para los dirigentes palestinos, que verían disminuir drásticamente el número de estúpidos dispuestos a ser mártires. Y por eso no lo permiten, y los emprendedores que se atreven a aparecer por allí acaban viéndose acosados y atacados de tal manera, que suelen trasladarse a territorio israelí dejando sin trabajo a montones de palestinos, u obligándoles a entrar en Israel todos los días para ir a trabajar.

Juguetito palestino
Los partidarios de los boicots terminan de arreglar la situación despotricando, porque las empresas israelíes explotan recursos que son propiedad de los palestinos. Según ellos. Recursos en cualquier caso que los palestinos hoy en día son incapaces de explotar por sí mismos, y desde luego nunca lo serán mientras sus autoridades no les dejen vivir en paz. Además continúan, los boicoteadores, dando muestras de su ignorancia día tras día, muestras que provocarían risa si no fuera tan malvada la intención. En España ya hay varias sentencias en su contra, porque no se les ha ocurrido nada mejor que proponer el boicot desde Ayuntamientos y otras instituciones públicas… y eso es serio. Si bien a título particular uno tiene derecho a boicotear lo que le dé la gana, un Ayuntamiento o Universidad no tienen competencia para proponer un boicot a todo un país con el que España mantiene relaciones diplomáticas desde hace más de 30 años. Ya lo dijo el presidente de ACOM, es como si el Ayuntamiento de Valdemorillos de Enfrente decide un día declarar la guerra a Francia. Claro, las asociaciones de la comunidad judía en España, llevan esos casos a los tribunales uno detrás de otro, y los tribunales no hacen más que darles la razón y prohibir los boicots.

Eso sí, hay que reconocer que los integrantes del BDS (¡qué poca faena deben tener diosmío!) se pegan un curro tremendo detectando cualquier producto sospechoso de haber sido fabricado en Israel, o cualquier empresa sospechosa de tener trato comercial con empresas israelíes. Hacen listas extensísimas de estas empresas y sus productos, que pueden fácilmente encontrarse en sus páginas de internet… y que son muy bien aprovechadas por los simpatizantes de Israel, quienes las estudiamos con detenimiento y procuramos comprar especialmente esos productos. El comercio israelí acabará poniéndoles una medalla a estos muchachos, y se la merecerán.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El señor del pelazo

“EEUU, 2016: es imposible que Trump gane las elecciones
EEUU, 2017: el Presidente Trump nunca haría eso
EEUU, 2018: ¡que comiencen los juegos del hambre!”

(chiste que me contó hace unos meses mi sobrina)


"¡Ay qué miedo por favor! ¡Si es racista, machista, leninista, estadista, masoquista, xenófobo, islamófobo, negrófobo y antropófogo! ¡Todos a manifestarnos! ¡Los demócratas no podemos consentir que en un país democrático la gente vote a un racista, machista, leninista, estadista, masoquista, xenófobo, islamófobo, negrófobo y antropófogo! ¡Qué vergüenza! ¡Indignación total!"

Y ese es más o menos el ambientillo que se respira en todas partes tras las elecciones en EEUU: desde los cuñados en el bar a las señoras en la pescadería. Pasando por los expertos en televisión y cómo no, los oenegistas tolerantes de todo el mundo que están que se suben por las paredes, venga exigir democracia mientras se tiran de las rastas.

A ver, piltrafillas: democracia es que sea Presidente, en este caso de los EEUU, aquel al que la gente elige con sus votos, por más que a quienes no le han votado no les guste. Nadie dijo que fuera perfecto, no te gusta, te aguantas. Y además es que resulta que el señor del pelazo le gusta a mucha gente, a muchísima, a tanta como para haber salido elegido presidente del país más poderoso del mundo. Sí, escuece, lo sé, te aguantas.



Hillary Clinton: "seamos claros, el islam no es nuestro adversario. Los musulmanes son gente pacífica y tolerante, gente que no tiene nada que ver con el terrorismo."






Y es que otra cosa se le podrá criticar a Trump, pero que no haya dicho las cosas claras en campaña… eso no. Es más bruto que un arado, pero al pan, pan, y al vino, vino. No como el tontolaba de Obama Hussein y su Secretaria de Estado Hillary, “hemos armado a los rebeldes sirios sin prever las consecuencias” ¿en serio? ¿de qué vais? ¿es que no aprendisteis nada en Afganistán? ¿es que no sois conscientes del lío en el que habéis metido a los sirios y al mundo entero? ¿aún tenéis narices de presentaros a las elecciones y de creeros la mejor opción? Que sí, que Trump da vergüenza ajena, pero Hillary y compañía ya no sé ni lo que dan.

Predicador islámico: "nuestra prioridad es destruir América". Hillary no opina lo mismo


Aunque claro, se ve que había que votar a Hillary porque es mujer, y mola que una mujer sea por primera vez en la historia presidente de los yuesei. Y sí, molaría si no fuera una mujer que ha apoyado al daesh, a ese daesh que se dedica entre otras lindezas a convertir a las niñas en esclavas sexuales, y a la que además no parece importarle demasiado que el islam crezca en su país. Y aquí llegamos al quid de la cuestión, porque ahora mismo ser musulmán en EEUU es optativo, pero en los países islámicos es obligatorio y la gente es menos tonta de lo que parece, y todo el mundo sabe que si se permite que occidente se vaya islamizando llegará un momento en que todas las mujeres tendrán que llevar velo sí o sí, y que ese momento no tardará mucho. Ningún no musulmán quiere eso, pero sólo Trump tiene huevos de decirlo y de tomar medidas al respecto, lo cual en la práctica quiere decir proteger a las mujeres estadounidenses mucho más de lo que lo ha hecho nunca Hillary. Ni nadie. Así que millones, millones de mujeres han votado a Trump aunque se le haya tachado de machista, aunque su mujer sea una lindísima exmodelo-florero, y aunque le hayan denunciado 16 veces por acoso sexual. De las cuales le han condenado 0 veces, todo hay que decirlo.


"Los musulmanes están preocupados, porque si Trump es elegido, les tratará como tratan ellos a los no musulmanes en sus países."

Las alternativas son, o bien Trump y similares o bien que el país llegue a ser islámico, tal y como amenazan muy en serio los predicadores de la yihad, ¿de verdad lo preocupante es Trump? ¿de verdad los tolerantes estarían más tranquilos sabiendo que su hija será  obligada a llevar el velo islámico, o azotada por no llevarlo, o convertida en esclava sexual? Igual es que yo soy algo intolerante para esas cosas, pero tengo claro que prefiero a Trump y similares, con todos sus defectos.

Y en cuanto a los mexicanos, yo no me preocuparía demasiado. Cierto que tienen motivos para estar indignados todos por lo grosero que ha sido el tío, no lo puede evitar, pero dudo muchísimo que los mexicanos con residencia legal en EEUU, que trabajan y pagan impuestos, vayan a ser deportados. Más que nada porque sus impuestos hacen falta, y mucha, lo mismo que los de toda persona honrada y trabajadora de cualquier raza, sexo, origen u orientación sexual. El problema es la gente que llega a EEUU a gorronear o a delinquir, ahí es donde hace falta mano dura y donde Trump parece dispuesto a tenerla, por eso no me extraña nada que le haya votado tantísima gente. Gente que está hasta los huevos, y les comprendo.


Por el muro tampoco creo que haya que preocuparse, entre otras cosas porque parte de él ya existe, lo construyó hace años el marido de Hillary sin que nadie le llamara racista, ni xenófobo, ni nada. Y lo construyó con las mismas intenciones que Trump: ejercer el legítimo derecho de cualquier gobierno a dejar entrar en su país sólo a quien le dé la gana; intentar que los inmigrantes sean todos legales, documentados y bienintencionados. Pero la gente estaba muy ocupada discutiendo los pormenores del trabajito que le había hecho la becaria a mister Clinton, y lo del muro en la frontera de México pasó sin pena ni gloria.

Y para terminar, no todo van a ser malas noticias para los tolerantes oenegistas perroflautistas: ¡Trump se carga el TTIP! ¡ese mismo del que tanto habéis despotricado, el Tratado de Comercio que iba a hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres! pues ya no va a hacer nada a nadie, porque sin el voto a favor del presi de los estates, ya no hay acuerdo ¡aplaudidle!




Y más aún, “¡OTAN NO! ¡BASES FUERA! ¡YANKIS GO HOME!” ¿os acordáis en los 80 de esas protestas? los que ya peinamos canas nos acordamos perfectamente, y treinta años después ¡Trump está de acuerdo! perroflautas ochenteros, ¡vuestras súplicas han sido escuchadas, tarde pero escuchadas! Así que genial, ahora que las bases y los yankis se van a ir para su casa porque Trump está en plan “ya os apañaréis que nosotros nos piramos”, espero ver a toda esa gente que en los 80 se desgañitaba para sacar a España de la OTAN, enrolarse ahora en el ejército como reservistas voluntarios para hacer el trabajo que los americanos ya no van a hacer más por nosotros. Y que Trump nos pille confesados.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Una historia de amor entre el mar y la montaña (Por fin, Israel IX)

IX
Una historia de amor entre el mar y la montaña
En la costa más septentrional de Israel, a unos metros de la frontera con el Líbano, un día el mar y la montaña decidieron vivir unidos para siempre. Lamiéndose y desgarrándose se mezclaron con pasión, como dos amantes que habiendo vivido durante años el uno al lado del otro, jamás hubieran podido tocarse; con el furor adolescente que sorprende de golpe a dos viejos amigos; como dos almas solitarias en el momento en que deciden convertirse en una sola. Se fundieron, se desintegraron, se arrancaron jirones el uno a la otra, sintieron el dolor que se siente al amar de verdad y para siempre. Dejaron de ser libres para enraizarse juntos y compartir cicatrices. El viajero que les visita hoy día, puede ver y sentir como siguen lamiéndose las heridas. Eternamente.

Bajando a las cuevas


Rosh Hanikra se llama el lugar donde se inició y continúa esta historia de amor. Para llegar a las grutas donde se mezclan el mar y la montaña hay que tomar un funicular que baja casi en picado durante un par de minutos, y si tienes suerte de ir tempranito y que haga sol puedes disfrutar del mediterráneo en todo su esplendor, porque desde el funicular no se ve otra cosa. A la derecha la montaña blanca y caliza, a la izquierda el mar, y el mar, y el mar. Una vez dentro de la gruta recorres unos 200 metros que son un auténtico deleite para todos los sentidos. Luz, oscuridad y color a borbotones, el mar se ve azul en el exterior, se vuelve verde a la entrada, se salpica por momentos de espumosas olas blancas y llega negro como la pez al fondo de la gruta; la roca es blanca, gris, rojiza, lisa, abrupta, resbaladiza depende de dónde la toque el mar y de cómo la toque. Acariciarla, tocarla tú también, sentir su humedad y su dureza, dejarte resbalar por ella es una sensación que queda impregnada en todo tu cuerpo.
 
El mar se huele, se saborea y se respira. La humedad es tan alta que por momentos llegas a fundirte con el mar igual que hace la montaña, respiras aire húmedo y salado, se te mete dentro su esencia y te empapa por fuera pero a nadie se le ocurre coger un impermeable, al revés, te acercas a cada ola rompiente y te dejas mojar, te dejas sentir el agua salada sobre la piel como la siente la montaña; amas esa agua inquietante como la ama la montaña.

Y la música, la música es indescriptible. Porque en Rosh Hanikra el mar no hace ruido, hace música. Ruge, se mece, se estrella, se enfurece, se calma, juega, explota, acaricia, se despereza y tú lo oyes todo en perfecta armonía. Cierras los ojos, escuchas lo que el mar está cantando y quieres convertirte en montaña y quedarte para siempre con él. Dejas algo tuyo allí dentro y a cambio te llevas un regalo de los dos viejos amantes, el regalo más valioso que pudieran ofrecerte: haber estado allí.

 
Bellezas de Israel
No son pocas las bellezas de Israel. En realidad creo que es imposible en este país dar dos pasos sin encontrarte con alguna belleza.

Las Cuevas de Beit Guvrin las visito el primer día, de camino a Jerusalén. Fueron excavadas en la roca caliza hace más de 2000 años, y tuvieron varios usos desde entonces: establos, cisternas de agua, lugares de trabajo o de culto, etc. Son como enormes cántaros enterrados, te sientes allí dentro muy pequeña y muy acogida por la tierra, y como es una sensación estupenda, no es el ser humano el único privilegiado que accede a disfrutar de ella. Las cuevas están habitadas por murciélagos, cientos de ellos metidos en el rincón más oscuro. Impresiona si te acercas a verlos, no apto para fóbicos.

El interior de una de las cuevas
El puerto de Ashdod es el más importante del sur de Israel, y también es al que se desvían las flotillas de presunta ayuda “humanitaria” a Gaza, cuando son interceptadas por la marina israelí. Vivimos tiempos de feminismo convulso, y la última flotilla que estaba formada únicamente por mujeres, fue tratada con mucha seriedad y mucho humor (sí, a la vez) por los israelíes. La interceptó una fragata a cuyo mando estaba una mujer. Estos flotilleros no han elegido el país más adecuado para ir a vacilarle, pero en fin, allá ellos.
Cuenta la leyenda que fue aquí en Ashdod donde una ballena se tragó a Jonás y lo tuvo en su vientre tres días y tres noches, hasta que lo vomitó en una playa. Se hizo muy famoso porque sale en la Biblia, pero no sé yo, pobre Jonás…

Cantando en el auditorio
Bet She´an es un parque nacional cuyo mayor atractivo son las ruinas de una ciudad grecorromana. Se encuentra en la región de Galilea, al sur del lago Tiberiades y muy cerca de la frontera con Jordania, tiene un nombre impronunciable y una belleza fascinante, al menos para quienes como yo, somos fans de lo antiguo. Las ruinas están muy bien conservadas, y es un placer escuchar a nuestro Claudio, que nos va explicando con todo detalle cada punto del recorrido. Es una visita preciosa que se realiza toda al aire libre, y en la que la vieja ciudad va cobrando vida conforme la vas conociendo. La visita termina en el anfiteatro, y yo que llego ya con las endorfinas a tope no me puedo resistir, me subo al escenario y me pongo a cantar a viva voz. A capella y por supuesto sin micro ¡madre mía qué sonoridad! ¡qué bien te oyes y qué bien te oyen los demás! con todo lo que hay que estudiar hoy en día para ser ingeniero de sonido, y estos romanos ya se las sabían todas en su época. Yo me hubiera quedado allí hasta agotar mi repertorio, pero como tampoco quiero abusar de mis compañeros, pobrecicos, me limito cantar la primera estrofa del conocido “Halleluja” de Leonard Cohen y con eso ya me quito la espinita. Qué gozada, qué momentazo.

Safed es oficialmente la ciudad de la Cábala. Se encuentra en la parte central de Galilea, en el montañoso norte, y es la ciudad con más desnivel que he visto en mi vida, la gente que vive allí debe tener las piernas bien fuertes a base de subir y bajar por sus empinadas calles. Los privilegiados turistas subimos a la parte alta en autobús y allí visitamos una pequeña sinagoga, muy sencilla y con una biblioteca de lo más interesante. La cabra tira al monte, qué le vamos a hacer. Mi masoquismo intelectual y yo esperábamos un cursillo intensivo de Cábala, pero al final lo único que conseguí tener claro al respecto es que la Cábala no la entienden ni los que la estudian, parece que tiene el nombre de lo más bien puesto. En realidad lo interesante de Safed y el motivo de nuestra visita no es la Cábala, ni las sinagogas, lo que hace a esta ciudad única es la calle de los artistas. 

La calle de los artistas
Una calle estrechísima que en algunos tramos está cubierta y parece un pasaje, y en la que sólo hay puestos de artistas gráficos. Hace tiempo, alguien del gobierno israelí tuvo otra de sus  magníficas ocurrencias y se ofreció vivienda y local gratuito a todo artista que quisiera instalarse allí, y vivir de lo que ganara vendiendo su obra. El resultado es impresionante y una auténtica gozada para todo aquel que guste del arte: decenas de pintores, escultores e ilustradores creando con total libertad sin la presión de un mercado exigente, ni de intermediarios que tiran de la cuerda a su favor. Libertad total, y eso señores, no es nada fácil de ver en el mundo artístico. Impresionante la variedad de estilos, no hay nada en un puesto que se parezca remotamente a otro y muchos de los artistas están trabajando en la propia tienda, puedes verles, entrar, hablar con ellos, te cuentan lo que hacen, es una pasada, de verdad, nunca había visto algo así. Puedes comprar desde un dibujito de 2 dólares hasta una escultura gigante de 7000, o no comprar nada y disfrutar del paseo y de lo que estás viendo, en cualquier caso Safed es visita obligatoria si se está en Israel.

El templo desde arriba, al fondo el puerto de Haifa
La ciudad de Haifa se encuentra en la costa norte, también es un puerto comercial muy importante y su mayor atractivo es el Templo Bahai. La ciudad se extiende por la ladera del monte Carmelo hacia el mar, y en la cima del monte se encuentra este templo con sus impresionantes jardines, cuya belleza simboliza además uno de los más sagrados principios del estado israelí: la libertad religiosa. Los bahai son una religión con apenas cinco millones de fieles en la actualidad, que se escindió del islam cuando su líder, un persa llamado Mirza Alí Muhamad que adoptó el nombre de Bab, decidió que dentro de la doctrina y la ley islámicas las mujeres no tenían suficiente libertad ni eran respetadas como sería deseable. Qué le has dicho al profeta. Bab fue asesinado en 1850 y sus seguidores perseguidos y masacrados hasta que finalmente pudieron refugiarse, cómo no, en Israel.

El puerto de Cesarea me encanta por su sencillez, pero como siempre pasa en Israel, las cosas pequeñas son a veces las que más te llegan al corazón. No puedo evitar ponerme un poco ñoña y pensar en lo maravilloso que sería tener una cita aquí, pero una cita a la americana, lo de ir a cenar en plan romántico con un hombre que me volviera loca. Vamos, que si alguien me invita a cenar aquí, le dejo hasta que me diga lo de “te voy a llevar a un sitio que te va a encantar”.

(paréntesis furibundo: no puedo con esa puñetera frasecita, es que no puedo con ella. ¿Me vas a llevar? ¿cómo, a cuestas? será que vamos a ir juntos ¿no? y por supuesto vas a querer o acostarte conmigo o que paguemos a medias, así que menos lobos, campeón… vale, una concesión, que yo seré feminihilista pero tengo mi precio, si “me vas a llevar”, hazlo bien: me recoges en mi casa, vamos en tu coche, conduces tú, pagas la cena, pagas las copas, me vuelves a dejar en mi casa y no te preocupes que si te has portado bien y tienes premio ya te diré yo que subas, no hace falta poner ojitos de cordero degollado ni cara de “he pagado la cena”. De nada chicos, de nada.)

Bueno, pues eso, que el puerto de Cesarea está lleno de restaurantes y tiendecitas prácticamente metidos dentro del mar, y por una cena romántica en él vendo mis principios feministas al mejor postor.

Chicas guerreras, pero de las de verdad
Y he dejado para el final la mayor de las bellezas de Israel: sus hombres y mujeres. Oye, que da gusto pasear por la calle, creo que en ningún lugar del mundo hay tantos hombres guapos por metro cuadrado (bueno, en las Convenciones de Spartacus, pero eso ya es otra cosa ;-). Y además no son “tíos buenos”, son “hombres guapos” que no es lo mismo; son seres cuya belleza te maravilla tanto que hasta las hormonas se serenan en su contemplación. Y no digo yo que en una situación menos contemplativa y más mundana  no hicieran acto de presencia las hormonas en todo su esplendor, pero lo que quiero decir aquí es que la belleza de sus habitantes está en consonancia con la belleza del país. Y qué duda cabe que las mujeres no se quedan atrás, cuando veo a chicas poco mayores que mi sobrina con sus uniformes de soldado, empuñando un arma, pilotando helicópteros, entrenando durísimo en sus unidades de combate, tomando decisiones de las que dependen vidas humanas, yo me quedo maravillada, me emociono, de verdad. Mientras en España lo más de lo más es pegarle un braguetazo a un torero o al hijo de una folklórica, aquí los jóvenes de ambos sexos a los 18 años van al ejército, terminan sus estudios, se casan y tienen hijos en la veintena, asumen responsabilidades y contribuyen con toda su fuerza a crear un país como Israel. Con un par. Igual va a ser ésa la cuestión de la belleza, igual va a resultar que simplemente me gustan con un par. Los hombres, las mujeres y los países.


Guerra y Paz
Al salir de Rosh Hanikra y antes de subir al autobús, nos llama la atención esta torre

Yolanda me dice que parece una antena de televisión, pero a mí me da la sensación de que es un radar antimisiles, sobre todo cuando pienso que estamos a unos cincuenta metros de la frontera del Líbano y Hezbollá. Aunque para ser un elemento bélico, y más uno tan importante, parece estar demasiado a la vista, los hezbollás deben de estar viéndolo desde sus casas… por otra parte y como buenos terroristas, son tan lerdos que igual no saben lo que es y mucho menos como acertar y destruirlo con un cohete, así que me quedo con la hipótesis del radar antimisiles. Si algún lector de este blog me puede ilustrar un poco en ese aspecto, se lo agradecería.

En el Mar de Galilea o Lago Tiberiades, hacemos una pequeña excursión en barco, en una barcaza que se supone la réplica de aquella en la que navegó Jesucristo, aunque ésta va a motor… o sea, réplicas sí, pero esfuerzo tirando a poco que eso cansa. Allí se cría un pescado llamado de San Pedro, que aparte de ser feísimo a la vista tiene muchas espinas y una carne áspera y sin demasiado sabor, vamos que no es ninguna maravilla el animalito, pero es muy típico tomarlo para el almuerzo y todos lo pedimos aunque a casi nadie le entusiasma. Eso sí, los dátiles frescos que ponen de postre junto con el café turco, deliciosos. Yo parezco una de esas señoras que se ven a veces en los piscolabis metiéndose comida a escondidas en el bolso, como si aún estuvieran en la posguerra y pasaran hambre: los dátiles que nadie se come los recojo y me los llevo para merendar porque están para chuparse los dedos.

El mar de la paz. Al fondo, Siria en guerra.
La vueltecita por el mar de Galilea es otro de esos momentos en los que rozamos el éxtasis, al menos yo. Me gusta el mar, me da paz, me hace sentir pequeña y grande a la vez, me reconcilia con el mundo estar allí rodeada de agua. Durante el paseo los barqueros ponen música israelí, y danzamos en círculo dando unos sencillos pasos que Claudio nos enseña y se aprenden en segundos. Y el que no los aprende pues da igual, lo importante es que cantamos, bailamos y nos divertimos.
 
Luego nos sentamos y Claudio nos pide que nos vayamos pasando el micrófono y uno a uno vayamos diciendo lo que sintamos, lo que pensemos, lo que queramos decir acerca del viaje y de ese momento. Cuando me toca el turno prometo no cantar otra vez (aunque me apetecería, que conste, pero ya es abusar un poco de los compañeros) y después de dar las gracias a Claudio y al grupo por la estupenda compañía que estoy teniendo en este viaje, hago una reflexión en voz alta. Miro las montañas que están frente a nosotros, al otro lado del lago. Esas montañas son los Altos del Golán y detrás de ellas está Siria y el territorio controlado por el daesh. Nosotros estamos aquí sintiendo una paz y armonía absolutas, mientras que a menos de 20 km hay seres humanos que están siendo torturados y asesinados; hay mujeres y niños convertidos en esclavos sexuales lo que les quede de vida; hay gente que huye de sus casas sin tener a donde ir; hay una panda de asesinos genocidas que están practicando una de las más terribles limpiezas étnicas de la historia. Da miedo pensarlo y me siento muy agradecida por poder estar aquí en vez de tras esas montañas.


Diamonds are the best girl´s friends
“Look deep into nature and then you will understand everything better” Albert Einstein
(“Mira en lo profundo la naturaleza, y lo entenderás todo mejor”)

Un tallador de diamantes
El penúltimo día de viaje visitamos una fábrica de diamantes en la que nos explican a grandes rasgos las características de la industria del diamante en Israel, y lo que más me interesa, todo el proceso de pulido desde que el diamante llega en bruto. He de decir que un diamante en bruto es la piedra más fea que he visto en mi vida, pero claro, cuando pasa por las manos de un artesano y consigues ver su interior… ahí todo cambia. Qué trabajo más largo y más meticuloso, y qué bien saben hacerlo. En la tienda había auténticas preciosidades. Yo no quise probarme nada porque no iba a comprar nada, para qué nos vamos a engañar, pero puedo prometer y prometo que si algún día se me sale el dinero por las orejas, lo primero que haré será irme a Israel a comprarme un collar de diamantes. Y unos pendientes a juego.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Mi noche comunista (Por fin, Israel VIII)

VIII
Mi noche comunista
Tenía muchas ganas de visitar el kibutz que estaba programado en el viaje, porque aunque en Ayalon ya había tomado contacto con la forma de vida de los kibutz, quería indagar más sobre el tema y era la ocasión perfecta. El kibutz es otra de las magníficas ideas israelíes para solucionar problemas al instante, y el problema era de aúpa: acoger en un país diminuto a los miles de refugiados judíos que fueron expulsados o consiguieron huir de los países árabes, después de la guerra de la independencia israelí en 1948. Ahí es nada.

Sé que me meto mucho con los palestinos y quisiera aclarar que a nivel personal no tengo ningún problema con ninguno de ellos, pero es que como pueblo las diferencias con los judíos son tan notorias que es imposible no resaltarlas. Los refugiados palestinos tienen 56 países hermanos en religión a los que acudir, tienen la simpatía del mundo entero, tienen los millones y millones que les regala la ONU mediante una agencia de refugiados para ellos solitos, tienen privilegios que no tiene ningún otro refugiado del mundo, tienen ONGs que claman constantemente por ellos y por sus derechos, tienen el apoyo del petrodólar  y con todo eso, setenta años después siguen hacinados en campos repartidos por distintos países de cuya nacionalidad reniegan, siguen reproduciéndose con mucha afición pero sin hacer ninguna otra cosa más, siguen llorando al mundo su desgracia y siguen reclamando una tierra que nunca fue suya y que otros han hecho florecer. Los judíos pasaron de la ONU y del mundo, inventaron el kibutz y se acabó el problema. Vamos, es que no hay color…

Bailando en un kibutz

El kibutz es el comunismo puro y duro, la manera más eficaz de alojar y procurar manutención a un grupo grande de personas que llegan sin nada. La organización es perfecta, no hay propiedad privada de edificios ni de terreno, todo es de todos, el trabajo es común y los beneficios también. La escuela, la sinagoga, la biblioteca, el comedor, la lavandería, el centro de atención médica, los vehículos, todo son servicios comunes y gratuitos para todos los miembros. A cada nueva familia se le asigna una casa, que pueden pintar y decorar a su gusto pero no reformar; los jóvenes estudian allí hasta la secundaria y luego van a la universidad; es voluntario quedarse después a trabajar en el kibutz o hacer vida independiente, y siempre se puede volver a visitar a los familiares. De mi visita al kibutz me impresionó especialmente la lavandería, que es un reflejo exacto de cómo funciona la vida comunitaria. La entrada da a un pequeño pasillo cuya pared derecha es un casillero enorme, abierto a los dos lados, y en cada casilla debe depositarse un tipo de prenda tal y como está indicado: sábanas, ropa blanca, algodón, ropa deportiva, etc. Los empleados de la lavandería recogen cada mañana las prendas del casillero, las lavan y planchan según sus características y al final de la jornada las depositan en un segundo casillero, clasificadas no según el tipo de prenda sino por números. Cada familia tiene asignado un número que está bordado en todas y cada una de sus prendas, de manera que en cualquier momento pueden recoger su ropa, limpia y planchada, del casillero que les corresponde. Una idea tan sencilla ahorra muchísimo trabajo y energía, abaratando por lo tanto en buena medida el coste de vida. Y así más o menos funciona todo, así fue como el diminuto Israel en guerra eterna se las apañó para acoger a los miles de judíos perseguidos que llegaron de los países árabes, de Rusia, de Etiopía, de cualquier parte, y además darles un trabajo, una manutención, una educación y una vida digna.

En un principio la idea era que cada kibutz fuera autosuficiente para proveer de servicios a su población, que podía estar compuesta por más de mil familias, así que gran parte del trabajo se dedicaba a la agricultura y producción de lácteos. Cuando la situación se estabilizó un poco se pensó en vender el excedente de productos y tener así algunos ingresos extra, que seguían siendo comunitarios. Poco a poco el kibutz fue perdiendo su espíritu comunista y hoy en día muchos de los servicios están privatizados (por ejemplo, el hotel donde dormimos es una empresa privada), se contrata a trabajadores externos para algunas tareas y en general se ha perdido esa urgencia por sobrevivir y ha pasado a primar el espíritu comercial, que también es algo muy judío. Pero aún así se mantiene la vida en comunidad con una organización absolutamente democrática, en un entorno seguro con delincuencia cero donde se trabaja, se estudia, se reza y se celebran fiestas siempre en compañía, como una gran familia.

España-Israel
España e Israel, le pese a quien le pese, siempre han sido y serán dos países hermanos. Nuestro pasado judío y su pasado sefardí son una herencia histórica y cultural que compartimos y que nos enriquece mutuamente. Hay relaciones diplomáticas entre ambos países desde hace treinta años, y pese a los boicoteadores y demás ignorantes antisemitas, en España se respeta a los judíos y se valora mucho a Israel. Hace algo más de un año se aprobó una ley para conceder la nacionalidad española a todos aquellos descendientes de judíos sefardíes que lo soliciten, y nuestro rey Felipe VI (soy fan, lo sabéis, soy muy fan de Felipe VI) les elogió ampliamente en su discurso, recordó la gran injusticia que fue echar de aquí a sus antepasados, y les agradeció su contribución a lo que hoy es España.

Españoles e israelíes estamos habitualmente en el pódium de muchas competiciones deportivas, y nos hemos enfrentado en muchísimas ocasiones con sana y fraternal rivalidad. Actualmente mantenemos un mano a mano emocionantísimo en gimnasia rítmica por equipos, con permiso de los países del Europa del este. Nos alternamos oros, platas y bronces, pero lo cierto es que los equipos de ambos países son potencias en este deporte y están siempre en los primeros puestos de la competición internacional. Muertecita de ganas estoy ya de ver lo que pasa en los Juegos Olímpicos de Río este verano.

España e Israel, en el pódium de rítmica

Pero el no va más, el duelo hispano-israelí más intenso y feroz que se ha vivido nunca no sucedió en un campo deportivo, sino en el Festival de Eurovisión de 1979, en una final de infarto no apta para eurovisivos cardíacos.

(PEQUEÑO INCISO: como sé que me lee gente de Latinoamérica, voy a dedicar un par de líneas a explicar cómo funcionan las puntuaciones en el Festival de Eurovisión, los europeos os podéis saltar este párrafo. Aunque ahora han cambiado algo las cosas, en aquella época un jurado de cada país participante otorgaba entre 1 y 12 puntos a sus canciones favoritas, exceptuando la del país propio. Con la particularidad eso sí, de que el 11 y el 9 no existían no sé por qué, la máxima puntuación era 12 y las siguientes inferiores eran 10 y 8. El día de la Gala, después de la actuación de todos los participantes, se conectaba en directo con cada uno de los países, cuyo portavoz iba recitando las puntuaciones del jurado, y los presentadores confirmaban la votación repitiendo cada asignación de puntos en inglés y en francés. Quién no recuerda aquellos míticos “yunaited kindom ten poins; guayominí de puá”… la expectación  era máxima, se iban sumando los puntos y en un panel, casi manual en aquella época, se iba viendo los puntos que acumulaba cada país. Al final como es lógico, ganaba el que más puntos conseguía después de todas las votaciones)



Aquella tarde de mayo de 1979, nuestra Betty Missiego con el tema “Su canción” y el grupo israelí “Milk and Honey" con el tema “Aleluya”, se destacaron desde el principio con respecto a los demás participantes. Los 10 y 12 puntos que daban los países votantes, o bien iban a Israel o bien iban a España con muy pocas excepciones, así que la batalla estaba servida. España se adelantaba unos puntos, el siguiente país puntuaba alto a Israel; Israel se adelantaba, dos países seguidos puntuaban más a España, con lo que España se situaba a la cabeza. Los israelíes jugaban en casa puesto que el año anterior habían ganado el Festival, así que tenían el apoyo del público, pero España se lo estaba poniendo muy difícil. Los cámaras enfocaban alternativamente a los cantantes de ambos países que no podían disimular su emoción, mientras los eurofans cara a la tele nos mordíamos las uñas de los nervios. Y quiso el sorteo que el último país en otorgar sus puntos fuese España, que iba a la cabeza en ese momento superando a Israel en un punto, pero no podía votarse a sí misma. El resultado del Festival dependía de que nuestro jurado votara o no a Israel, todo podía aún pasar y todo dependía de esa votación final. Qué nervios, por favor. El portavoz español comienza a recitar las puntuaciones… Portugal, Italia, Dinamarca, Mónaco, Grecia y Alemania reciben sus puntos desde España, mientras Israel no aparece por ninguna parte… la situación es de infarto, el ganador del Festival de Eurovisión va a ser quien el jurado español decida. Y entonces sucede…“ISRAEL DIX POINTS, ISRAEL TEN POINTS”… bueno, bueno, el auditorio se vino abajo, la cámara enfocó a los cantantes israelíes que abrían una botella de champán, y  mientras todo el conjunto español aplaudía a sus rivales, los eurofans en la patria íbera nos quedamos de lo más decepcionados. Snif. Les dimos el triunfo en bandeja, cual penalti en el último minuto. Snif, snif. 


(por favor, al ver este vídeo saltaos la horrorosa y larga presentación. De nada.)

Decepciones aparte, la verdad es que las dos canciones eran preciosas y cualquiera merecía el triunfo, mira que habremos cantado veces la traducción española de ese   magnífico “Aleluya”. Pasado el disgusto inicial, los españoles nos tomamos muy deportivamente la derrota y Betty Missiego se hizo famosísima, unos meses después estuvo cenando en un bar al lado de donde yo veraneaba entonces, se corrió la voz y la pobre tuvo que interrumpir su cena para firmar autógrafos a los diez o doce canijos que nos acercamos corriendo a verla y a saludarla.

Y ése fue, señoras y señores, el mayor enfrentamiento entre españoles e israelíes del que se tiene constancia en toda la historia. Terminó con la victoria de Israel, pero los representantes de ambos países dejaron muy altos sus respectivos pabellones. España nunca mejoró ese segundo puesto, mientras que Israel hubo de esperar diecinueve años para celebrar otra victoria en Eurovisión, la de Dana Internacional en 1998.

De arquitectos y arqueólogos
Me gusta la arquitectura. Me gusta como arte, como testigo de la historia. Tengo un hermano arquitecto al que escucho con deleite cada vez que habla de su profesión, y como es de esperar nuestro guía Claudio, también arquitecto, me ha hecho disfrutar muchísimo con sus explicaciones cuando hemos visitado alguna construcción peculiar, y creedme que en Israel las hay para dar y vender.

Hay que fijarse bien, el suelo está en el aire
En Cafarnaún vemos las ruinas de lo que se supone que fue la casa de Pedro, una casa que en su momento debió ser bastante lujosa y sobre la cual se construyó después una hermosísima iglesia octogonal, de estilo bizantino, que tiene la particularidad de estar suspendida en el aire. Se apoya en una columna en cada una de sus ocho esquinas y el suelo forma una especie de bóveda al revés, debajo de la cual están las ruinas que se pueden ver a través de una claraboya en el piso, en el centro de la iglesia. Otra preciosa iglesia, también octogonal y también de estilo bizantino, se encuentra en el Monte de las Bienaventuranzas, donde Jesucristo pronunció el llamado Sermón de la Montaña (“Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos… etc”). Esta diminuta iglesia es una belleza por dentro, pero además se encuentra en un entorno privilegiado, en la cima del monte y rodeada de un precioso jardín, a cargo de unas monjas franciscanas que lo tienen como oro en paño, y no es para menos.

El Monte de las Bienaventuranzas
San Juan de Acre se encuentra en la costa norte de Israel, y llegar allí causa impresión porque ya no visitamos una iglesia, sino toda una ciudad construida por los cristianos caballeros hospitalarios y destinada a su protección, aprovisionamiento y descanso mientras intentaban reconquistar Tierra Santa. Allí se mezcla la fe con el espíritu bélico, una de las mezclas más curiosas y casi siempre destructivas que se han dado a lo largo de la historia. La ciudadela vista desde fuera impresiona, pero su parte subterránea lo hace aún más, está perfectamente construida para ser fresca y acogedora y proporcionar a la vez túneles de huida en caso de ataque. Es una de las visitas más interesantes arquitectónicamente, también una de las más largas y de las que más he disfrutado.

Interior de la fortaleza de San Juan de Acre

Nazaret, Basílica de la Anuciación
En Nazaret visitamos la Basílica de la Anunciación, construida en el lugar donde se encontraba el pozo al que las muchachas de la antigua Nazaret acudían para extraer agua. Allí se supone que el arcángel Gabriel se apareció a la Virgen María y le anunció que daría a luz al hijo de Dios. Muy sorprendida se quedó la joven María, de quince años, que afirmaba pese a estar prometida a José no haber conocido aún varón (en el sentido bíblico, se entiende). Gabriel le dijo algo así como “no te preocupes, que ha sido el Espíritu Santo. Dios está contigo y tu futuro marido lo entenderá” y parece ser que así fue. La peculiaridad del divino embarazo de María ha dado pie casi dos milenios después a muchas y divertidas anécdotas en la España de nuestras abuelitas, porque se ve que había mozas muy conocedoras de varón o varones varios, que aún así se aferraban a su virtud y a su abultado vientre afirmando que ellas "pordios jamás enlavida", que era el Espíritu Santo haciendo de las suyas como con la Virgen María, un milagro, un milagro. Pero vamos, al contrario que con San José que por algo era santo el hombre, lo de estas vírgenes purísimas y preñadísimas no solía colar, y el travieso espíritu resultaba ser un maromo de lo más terrenal… aunque ellas lo intentaban por si acaso, oye, por intentar salvar la virtud que no quede.

Lo que queda de los manuscritos

Y de la arquitectura podemos pasar a la arqueología, que también la hay abundantemente en Israel, aunque sólo reseñaré lo que seguro todo el mundo conoce: los manuscritos del Mar Muerto, los famosos pergaminos hallados por un pastor en unas ánforas, que recorrieron medio mundo y pasaron por un montón de manos antes de que alguien se diera cuenta de su valor arqueológico e histórico. Aún están a medio descifrar porque de los pobres apenas han quedado retalitos, pero las especulaciones sobre ellos ya han hecho correr ríos de tinta porque se supone que hablan de la verdadera vida de Jesucristo, y que ésta tiene muy poco que ver con lo que nos ha contado la Iglesia Católica. La polémica está servida.

Dos sorpresas valencianas
La primera me la encuentro entrando a Jerusalén en coche, cuando el guía me lleva al hotel después de haber visitado toda la zona cercana a Tel Aviv. De repente veo algo que me resulta conocido pero que no consigo identificar, y le pregunto al guía qué es. “Es un puente -me responde- por ahí arriba pasa el tranvía de Jerusalén. Por cierto, creo que lo diseñó un arquitecto español”. Y entonces caigo, claro. Están en todas partes… quién iba a pensar que hasta en Jerusalén había estado el amigo Calatrava haciendo sus puentes y sus cosas.

Inconfundible 
La segunda sorpresa me la descubre Susana, la otra española de mi grupo. En el recinto de la Basílica de Nazaret, rodeando todo el patio, hay imágenes de la virgen traídas de todas partes del mundo. Estoy admirándome y sorprendiéndome frente a una virgen china con su niño Jesús chino, cuando llega Susana y me dice “al final de todo hay algo que te va a gustar”. No se me ocurre nada que me pueda gustar más que la virgen china, pero voy viendo todas las imágenes y entre las últimas me encuentro ésta. Olé la millor terreta del món. (“Olé la mejor tierra del mundo”, lo decimos mucho los valencianos por supuesto refiriéndonos a nuestra propia tierra, modestia aparte.)