miércoles, 19 de abril de 2023

Arte inuit (Canadá salvaje V y FIN)


Hoy teníamos descanso de autobús y día cultureta en Quebec, así que decidí visitar una galería de arte inuit que me iba a deparar una gratísima sorpresa. Al entrar encontré un sitio amplio, acristalado, decorado en colores claros y lleno de pequeñas piezas artísticas, casi todas ellas esculturas. La verdad es que me había hecho a la idea de un museo y nadie parecía querer cobrarme una entrada, así que pregunté a la empleada si se podía visitar gratuitamente, y ella me respondió algo así como “por supuesto, adelante, y también puedes comprar algo que te guste, es una galería”. Vale Zenia, acabas de aprender la diferencia entre un Museo y una Galería, bien está.


El caso es que la mujer no sólo resultó ser simpatiquísima, sino también y como era de esperar una gran experta en arte inuit y debí caerle bien porque se quedó a mi lado y me dio una auténtica clase magistral, que le agradecí muchísimo. Fue uno de los mejores momentos de toda la visita a Canadá.


Los inuit son el pueblo que habita en la parte norte de Canadá, en Europa se les conoce más como “esquimales” pero esa palabra significa “el que come carne cruda” y tiene matices despectivos, así que es mejor llamarles inuit, que significa “seres humanos“. Como es fácil de imaginar, en el norte de Canadá hace fresquete… vamos, una temperatura media de 20 gds bajo cero, para que nos hagamos una idea. Aunque yo la verdad es que como buena española, por debajo del cero ya no me hago idea de nada.

El arte que se desarrolla en esas circunstancias tiene algo de rupestre, enfocado a la caza, la fertilidad y la supervivencia, pero lo que más me sorprendió fueron los materiales utilizados. Si me llegan a preguntar media hora antes qué material pensaba que se puede utilizar para hacer arte cerca del Polo Norte hubiera dicho “estatuas de nieve” y ya, pero hubiera estado de lo más equivocada. Además de nieve, allí hay animales de los que se puede obtener piel, huesos, sangre, tendones, garras y marfil; diversos tipos de rocas como el mármol; hay plástico, tinta y metales. Con todo eso, los inuit hacen arte.


Quizá la figura más representativa sea el inuksuk (inuit en singular, significa “hombre”), es una figura humana que se utiliza en los cruces para indicar el camino correcto. Los hay de diversos tamaños y materiales, yo me compré uno pequeñito en la Galería junto con el libro del que he sacado las imágenes y explicaciones de este post. 



Mi pequeño hombrecito inuit





Título: Oso reflejado en el hielo

Artista: Pauloosie Tukpanie

Año: 2006

Material: mármol


Sólo a un inuit se le podía ocurrir esculpir a un oso polar de esta guisa. Es muy curioso observar la diferencia entre el oso y su reflejo, si invertimos la escultura resultaría una obra completamente diferente. Esta perspectiva única de ver la vida refleja perfectamente el concepto de “pilimmasarniq”, que viene a ser el aprendizaje mediante la observación y la práctica. No sólo es una genial manera de aprender técnicas artísticas, sino también en el ambiente del norte de Canadá, una cuestión de vida o muerte.




Título: Abuela tocando el acordeón

Artista: Goota Ashoona

Año: 2002

Material: hueso de ballena


Dos curiosidades acerca de esta escultura: la mujer que toca el acordeón es la propia abuela de la artista y la escultura tiene un tamaño pequeñísimo, mide 9´6 cm, lo que añade mérito a su realización ya que el hueso de ballena es un material especialmente poroso y difícil de trabajar.


En la cultura inuit existen diversas maneras de hacer música, algunas autóctonas como el canto, y otras traídas por balleneros, misioneros y comerciantes, y posteriormente adaptadas por los inuit y convertidas en expresiones de su cultura.



Título: Migrando al lago Baker

Artista: Joshua Nuilaalik

Año: 2001

Material: basalto, cuerno de caribú y piel


Historias que se cuentan de una generación a otra, como en todas las culturas. No sabemos si esta escultura es una representación de la propia familia del artista en la que él es un niño, de su familia en la que él es un adulto, o si se trata de una representación de una familia ficticia, pero lo cierto es que la familia Nuillalik se vio obligada a emigrar debido al hambre tras una drástica disminución de zorros y caribús en la tierra donde vivían. En la escultura podemos apreciar a los padres que caminan mientras los hijos avanzan en el trineo, y tanto humanos como animales portan sus escasos enseres.




Título: Escena navideña

Artista: Emily Pangnerk Illuitok

Año: 2001

Material: marfil, piedra caliza, piel y piroxeno


Quizá ésta sea una de las esculturas más interesantes del arte inuit, porque representa perfectamente cómo diversas influencias pueden coexistir en una sociedad y en la expresión artística. El cristianismo llegó al norte de Canadá a mediados del siglo XX y se mezcló enseguida con la cultura local. Esta escena como es obvio proviene de la cultura cristiana y representa la Natividad, un hecho acaecido a miles de kilómetros y en un ambiente completamente distinto. Sin embargo la artista la adapta perfectamente a la cultura inuit: utiliza un conjunto de materiales locales, sustituye los vestidos de María y José por abrigos de piel de foca, y en vez de buey y mula representa una manada de perros árticos. Todo un ejemplo de integración.





Título: Madre e hijo preparando un pescado

Artista: Jimmy Inaruli Arnamissak

Año: 2000

Material: esteatita


Esta artista destaca por su atenta elaboración de los detalles. En la escultura podemos observar las uñas, los rasgos faciales, incluso el rostro del pez con un increíble nivel de dramatismo. La obra es un homenaje a su madre, que falleció cuando Arnamissak era muy joven y cuyos rasgos representa la madre de la escultura, y también un homenaje a las mujeres de la cultura inuit y a su trabajo en el cuidado de los niños, la preparación de alimentos, la confección de ropa y el arte. En la escultura se puede apreciar claramente un “ulu” el típico cuchillo femenino utilizado para limpiar y cortar el pescado. La madre trabaja con su hijo a la espalda, proporcionándole en todo momento protección, y la expresión del niño es muy intensa y reveladora. También me maravilla el uso que hace la artista del contraste entre la claridad de la piedra al rasgarla y su original negro pulido.




Título: Maternidad

Artista: Manasie Akpaliapik

Año: 2000

Material: hueso de ballena


“A veces, si te viene una idea en medio de la noche, te levantas y te pones a esculpir”


Dada la importancia de la familia en la cultura inuit, es muy habitual en el arte la temática de la maternidad, pero lo que no es habitual es que sea un artista masculino quien la represente. En esta obra, Akpaliapik asume el reto representando la imagen de una mujer embarazada, se puede observar el rostro del niño en el lado derecho. El embarazo y la maternidad representan para los inuit no sólo la continuidad de su pueblo, sino también el amor y el respeto entre ellos, así como la transmisión del conocimiento de una generación a otra.




Título: Espíritu del caribú, espíritu del mosquito

Artista: Nick Sikkuark

Año: 1999

Material: cuerno de caribú, hueso de ballena, piel de caribú y cuerno de buey almizclero


Estas dos esculturas hermanas, expuestas sobre un hueso de ballena, son la antítesis de la escena de la Natividad: representan la religión más ancestral, el culto al espíritu de los animales. Sorprende que haya mosquitos en medio de toda esa nieve… pero los hay, y el artista los presenta como animales terroríficos, que contrastan con el suave rostro del caribú y sus delicados mechones.




Título: Oso buceando

Artista: Mattoo Moonie Michael

Año: 1999

Material: serpentinita


Esta escultura me parece divertidísima, ¡es que es un oso buceando! y sin embargo es descrita como “dramática” en el libro… creo que me he perdido algo. En cualquier caso me encanta la representación del oso, que parece un animal muy pesado pero a la vez ligero y ágil dentro del agua; así como la utilización del color de la piedra y el hecho de que toda la figura esté en un difícil equilibrio, apoyándose únicamente en un punto.





Título: Bueyes almizcleros

Artista: Martha Tickie

Año: 1998

Material: serpentinita


El motivo más representado en las esculturas de esta artista es la familia, el cuidado de los niños. En esta ocasión podemos ver este motivo en una familia de bueyes almizcleros: la escultura representa un grupo de bueyes adultos que ser reúnen formando un círculo en el interior del cual se hallan protegidos los más jóvenes del grupo.





Título: Mujer cosiendo unos pantalones

Artista: Isa Aupalukta

Año: 1998

Material: esteatita, tendón y márfil


Todo un homenaje a las costureras inuit es esta escultura en la que destacan los detalles del cabello y la vestimenta de la propia costurera. Para los ancestros inuit, la ropa de abrigo no era sólo una cuestión de supervivencia sino que también estaba cargada de simbolismo, sobre todo de invocaciones a lo sobrenatural en busca de protección. Además la ropa también es una expresión del arte, el conocimiento y su transmisión a las siguientes generaciones, de ahí el enorme respeto con que se trata la figura de la costurera en la cultura inuit




Titulo: Historia de pesca

Artista: Uriash Puqiqnak

Año: 1996

Material: piroxena, cuerno de buey y tendones


La historia de esta escultura es la de una madre pescadora, angustiada por la incertidumbre de si podrá o no alimentar hoy a sus hijos. Llama la atención la intensidad de la expresión y lo detallado del pez. Este artista es muy reconocido en Canadá, ya que estuvo varios años involucrado en la política canadiense, con el objetivo de promover el arte inuit y luchar contra las falsificaciones.





Título: Buey con rostro humano

Artista: Judas Ullulaq

Año: 1994

Material: piroxenita, piel de caribú, cuerno de buey y alabastro


“Siempre he creado esculturas y siempre crearé esculturas. Mientras mi salud sea buena y pueda respirar, estaré creando esculturas”


Destaca en el estilo de Ullulaq el expresivo rostro de sus esculturas, en las que suele utilizar grandes sonrisas y ojos redondos e incrustados, que dan un aspecto muy humano a los animales. Lleva exponiendo desde 1977 en diversas galerías de Canadá.






Título: Composición

Artista: Towkie Karpik

Año: 1994

Material: marfil



La escultura entró tarde en la vida de Towkie Karpik, pero entró a lo grande. La artista había dedicado la mayor parte de su vida a las obras pictóricas y al tejido de tapices, fue sorprendente la irrupción de la escultura en su obra y sobre todo la manera en que lo hizo: Karpik desarrolló con el tiempo una fuerte alergia al tejido de los tapices y hubo de cambiar los materiales y la forma de expresar su arte. Lo hizo y el resultado fue espectacular. Esta magnífica composición, que es todo un relato detallado de la vida inuit, llama la atención por su delicadeza y por lo intenso de su contenido: personas, animales, símbolos, escenas… en lo alto podemos observar a la diosa Sedna, reconocible por su cola de sirena y sus largos cabellos que mantiene agarrados sobre su cabeza.





Título: Predicador en kayak

Artista: Hugh Haqpi

Año: 1993

Material: basalto y cuerno de caribú


Otra muestra artística que revela la influencia del cristianismo en la vida y la cultura del norte de Canadá. Es interesante el punto de vista del autor, que incide en la idea de la conversión al cristianismo. Vemos al predicador cristiano no como una persona extranjera, sino como un auténtico inuk llevando en kayak la Buena Nueva a su pueblo.






Título: Cráneo de morsa tallado

Artista: Luke Airut

Año: 1990

Material: hueso, marfil y serpentinita


Toda la originalidad que falta en el nombre de la obra, sobra en la obra misma. En este cráneo de morsa dotado de sus dos correspondientes colmillos, podemos ver un oso acechando a su presa, un equipo de perros que tira de un trineo, iglús, rostros humanos, mamíferos marinos y diversas escenas de caza y pesca. De lo más elaborado. La talla en colmillos de morsa, es una de las más antiguas manifestaciones artísticas de los inuit, se han encontrado muestras de hace miles de años.





Título: El mundo del caribú

Artista: Peter Morgan

Año: 1988

Materiales: cuerno de caribú, cuerno, plástico y tinta negra



Morgan es uno de los primeros artistas inuit que utilizó de manera cotidiana el cuerno de caribú como material de escultura. Su obra es un reflejo de la profunda relación que mantienen los humanos inuit con los caribús desde tiempos ancestrales. Sorprende en esta obra en primer lugar los ojos negros incrustados, el uso de tinta negra y también el rayado sobre las partes marrones de los cuernos. En el área de la obra se combinan con mucho acierto varias escenas y personajes.





Título: Chamán oso

Artista: David Rubén Piqtoukun

Año: 1985

Material: esteatita, marfil y cuerno


Lo primero que llama la atención de esta obra es el nombre del autor. No puede haber mejor ejemplo de mestizaje entre las culturas occidental e inuit. De nuevo nos encontramos con un rostro muy expresivo y poderoso. Del mismo modo en que el cristianismo irrumpió en las expresiones artísticas inuits, también artistas como Piqtoukun han querido mantener en ellas la religión chamánica, la cultura ancestral y la espiritualidad que se ha ido transmitiendo oralmente de generación en generación.





Título: Grupo de mujeres y niños

Artista Miriam Marealik Qiyuk

Año: 1979

Material: esteatita


Miriam Marealik Qiyuk creció en una familia de artistas, y comenzó muy joven a desarrollar su arte. Empezó con la tapicería siguiendo los pasos de su madre, pero pronto pasó a esculpir en piedra y este material hizo brillar aún más su talento. En esta obra dramática consigue que la postura, la emoción y el estado de ánimo de este grupo de madres y niños, imprima un movimiento ondulatorio al conjunto de la obra. Hay que ser una auténtica virtuosa de la piedra.



Con esta publicación, y ya era hora, terminamos el relato de mi periplo por tierras canadienses. Pero vamos, que si alguien se ha quedado con ganas de más organizamos viajecito ipso facto, será por ganas de organizar viajecitos. Smile.





jueves, 6 de abril de 2023

Vacaciones en tiempo de guerra, tercera parte (Diario de guerra XVIII)

COLABORACIÓN DE LINA ZALITOK
(english below)

Los chicos y yo nos quedamos durante un rato en silencio cerca del lago, mirándolo y tratando de absorber toda su belleza. No podía apartar mis ojos de él. Sin decir adiós, me metí el café del hotel durante unos minutos, y cuando regresé los chicos se habían ido. Sin embargo, seguramente me los iba a encontrar de nuevo, porque sólo había un camino hacia la parada de autobús. Era hora de recorrer los nueve kilómetros de regreso. Se puso a llover con más fuerza. Caía la noche. Me di cuenta de que no quería dejar Morske Oko. Tuve que obligarme a alejarme, y miré atrás varias veces hacia el lago, hasta que ya no podía verse. Me sentí muy cansada. Me parecía aburrido volver a andar el mismo camino. Decidí que si encontraba un carro de caballos (el único transporte que había allí), cogería uno para estar menos tiempo bajo la lluvia.

Caminé sola durante 900 metros, y volví a ver a los chicos. Cuando sólo nos separaban 200 metros, vi un carruaje de caballos que se me acercaba. El cochero me gritó en polaco si me apetecía subir. Le di las gracias y le dije que no. Sergio y yo comenzamos otra vez a charlar. Vi pasar el carruaje y no me arrepentí. El amigo de Sergio de nuevo andaba en silencio delante de nosotros. Fuimos hablando y charlando hasta la misma parada de autobús, bajo la lluvia que no dejó de caer ni un minuto.

Los chicos llevaban la ropa mojada. También los zapatos. Llevaban más bien ropa para hacer deporte en un gimnasio, no para la montaña. Mi super abrigo de lluvia que me mantenía seca me hizo sentir obscenamente rica. Por un momento me pregunté si debería invitarles a subir en el próximo carro. Pero no sabía cómo decirlo. Tengo mucha experiencia en mi vida siendo una estudiante pobre, pero bastante menos siendo una mujer independiente, en especial delante de hombres, aunque sean hombres muy jóvenes. Estaba casi segura de que rechazarían mi invitación. Ni siquiera lo intenté. Además era precioso poder pasar más tiempo en la naturaleza.

Sus chaquetas estaban mojadas por todas partes. Sergio me dijo que estaba perfectamente. Me dijo que el día anterior habían subido y bajado otra montaña cerca de Zakopane bajo una lluvia torrencial. Decidieron aprovechar al máximo las vacaciones. A Sergio le encantaba que Maxi tuviera la misma actitud. Maxi simplemente sonreía. Habían cogido cinco días de vacaciones y viajado a Zakopane. Parecía que querían recorrer todos los caminos de montaña de la zona, y no les iba a detener ninguna lluvia. Estaban muy entusiasmados, pero había algo de desesperación en ese entusiasmo,

-“imagínate que tuviéramos una buena cámara. Sacaríamos fotos preciosas aquí”
-“pero las cámaras pesan mucho” -argumenté
-“siempre es bueno tener una cámara. En especial si viajas con amigos. Les haces fotos cuando no están mirando. Y luego les enseñas las fotos. ¡Imagina la felicidad y la sorpresa que se ve en sus caras! mi amigo una vez hizo eso y nos envió las fotos por facebook ¡todo el mundo estaba encantado con las fotos! nadie sabía que les estaba fotografiando”

Me sentí un poco avergonzada. Yo nunca hubiera hecho eso, ni siquiera teniendo una buena cámara a mi disposición. Consideraba las fotos una obligación, al menos estando con gente. Cuando se juntaba un grupito de gente, colegas o amigos, siempre prefería disfrutar de mi tiempo con ellos. No quería perder el tiempo en hacer fotos. También estaba en condiciones de aprender a tomar mejores fotos, pero simplemente no encontraba el tiempo para ello o me entraban las dudas acerca de si valía la pena invertir mi tiempo en fotografiar. Aquí estaba este chico deseando aprender, pero algo me decía que no tendría muchas oportunidades de aprender fotografía. Seguramente, iba a continuar trabajando en un  supermercado polaco,

-“pero las fotos en facebook pierden calidad. Como en whatsapp o en cualquier aplicación de mensajería. Puedes enviarlas como archivos. Pero hoy en día nadie lo hace así. Tal vez ni siquiera vale la pena. Las fotos de todas maneras salen bien. No puedes ir siempre diciéndole a todo el mundo “por favor, envía las fotos como archivos” y además explicándoles cómo hacerlo” -no pude evitar compartir las cosas que me molestaban. De repente sonaba muy aburrida, como un robot.

Sergio no comentó nada sobre mis quejas. Como si no me hubiera oído,

-“imagínate todos esos lagos y montañas plasmados en fotografías! por eso la gente viaja. Sólo puedes mostrar toda la belleza de tu viaje con una buena cámara. No me importa que pese. Aunque puede ser un problema para ti, que eres una chica”
-“es un problema para todo el mundo. Después de varios kilómetros en la montaña, en especial si llevas comida, cada gramo pesa sobre tus hombros”

Recordé la historia de mi amigo en el frente, cuando él y sus compañeros habían estado varios días andando bajo los bombardeos, y al final tuvieron que tirar hasta sus armas. Pero no quería volver a contar la historia.

Me di cuenta de que quería saber más sobre Bajmut. Quizá nunca volvería a encontrarme con una persona de allí. Tal y como hacían mis amigos extranjeros o los periodistas, quería hacer todas las preguntas que pudiera y traté de encontrar las palabras correctas. Así que volví al tema de la guerra,

-“tu madre está sola en Bajmut?” -pregunté con cuidado. No sé por qué, Sergio no había mencionado nunca a su padre
-“·no, mi padre también está allí. Hoy, cuando llegamos al lago, le hice una video llamada, quería enseñarle el lago. Le dije “¡mira mamá, mira donde estoy!” y moví la cámara a mi alrededor. Entonces escuché explosiones y ella me dijo “no tengo tiempo ahora para esas cosas, adiós” y colgó -Sergio sonrió

Me imaginé esa video llamada y los ojos se me llenaron de lágrimas. Era una suerte que estuviera lloviendo. Cada vez que lo recuerdo me echo a llorar. Todavía hoy.
Sergio continuó,

-“no quiso decirme lo que realmente estaba pasando porque me conoce muy bien. Sabe que si hace falta me pongo las pilas y en un segundo estoy allí junto a ella. Mi jefe se disgustaría, pero creo que lo entendería. Mi hermano me llamó un rato después y me dijo que hoy había mucho jaleo en Bajmut”
-“¿sabes? si uno forma una familia tiene su hogar donde está su familia. Yo aún no he formado mi propia familia, así que mi hogar está allí, en Bajmut. Sería genial despertarme a las doce con los gritos de mi madre diciendo: “COMOOOO??? ¿aún estás durmiendo? ¿otra vez haciendo el vago?” -pronunció con cariño esas palabras de reproche. Me rompió el corazón.

Durante todo el camino, Sergio no me hizo una sola pregunta. Normalmente no me gusta ese tipo de “comunicación“ y me parece una falta de respeto, pero esta vez realmente aprecié que estuviera dispuesto a compartir conmigo su historia y traté de recordar cada una de sus palabras 

-“quizá algún día me case y entonces mi hogar estará allí. Pero no es fácil. Un amigo mío me dijo que estaba enamorado de una chica. Una vez oyó como ella le decía a una amiga que su futuro marido debería ganar como mínimo 1000 euros, para que ella pudiera gastar dinero en compras y peluquería. Mi amigo nunca ganará mucho, así que se olvidó de ella. Después de todo también hay que pagar el alquiler y la comida. Y en el futuro quizá haya que comprar una casa…”

Sergio empezó a calcular todos los gastos. Yo simplemente le escuchaba. Como soltera, no podía hablar de economía familiar. Le dije que seguro que había chicas que no pensaban de esa manera acerca del dinero. Parecía estar muy convencido de tener que mantener a su familia. Ese concepto sonaba tan arraigado en sus pensamientos que parecía imposible sacarlo de allí. Yo no lo intenté.

Le pregunté si sus amigos eran amables con él, y me dijo que la gente es gente en todas partes: hay personas encantadoras y personas malvadas. Oyéndole hablar me di cuenta de que tenía buenas relaciones con sus colegas y vecinos. También me dijo que había aprendido muy bien el polaco. Sergio no paró de hablar, mientras que su amigo simplemente andaba delante de nosotros y sonreía. De vez en cuando se giraba, en especial cuando Sergio le nombraba. Sergio decía “¿verdad, Maxi?” y Maxi simplemente sonreía. 

De repente vimos la parada del autobús. Nueve kilómetros bajo la lluvia parecían haber pasado en diez minutos. Justo estábamos hablando de los soldados ucranianos, y Sergio me dijo que no quería hablar mal de ellos porque estaban defendiendo nuestra Patria, pero algunos de ellos en Bajmut habían sido maleducados e irrespetuosos. Cuando él aún vivía en Bajmut, antes de 2022, una chica soldado le preguntó en un checkpoint por qué no estaba él defendiendo a su país. Yo quería saber más, pero mi cerebro ya no era capaz de procesar más información y me había quedado helada. Quería coger el autobús lo antes posible. Los chicos decidieron quedarse afuera un rato más. Quizá para fumar. Les perdí de vista.

Cuando después de 15 minutos llegamos a Zakopane, salí del autobús y vi a Sergio. Ya estaba oscuro. Pensé que serían más de las nueve. Me dijo adiós de un modo sorprendentemente formal: me dio la mano. Sergio me deseó lo mejor y parecía estar muy agradecido de haberme conocido. No sé decir por qué exactamente. Yo sólo le había escuchado. Me sentí como si fuera una anciana tía. Antes de separarnos, Sergio me advirtió que me diera prisa en hacer la maleta y buscar un autobús a Cracovia. Escuchándole, me sentí de nuevo joven y estúpida. No sabía si existía un autobús, ni dónde, ni si conseguiría llegar a Cracovia. Tenía reservado un apartamento en Cracovia para esa noche. Tenía que llegar allí. Le deseé a Sergio también lo mejor, aunque hubiera querido decirle más cosas. Pero no me salían las palabras.

(continuará)


WarDiary #28 Vacation in wartime (Part 3)
For a while, boys and me silently stood near the lake watching it and trying to absorb all its beauty. I could not tear my eyes away from it. Without saying goodbye, I went inside the hotel café for several minutes, and when I came back, boys were gone. However, it was very likely that I would meet them again because there was only one way to the bus stop. It was time to walk all 9 kilometers back. The rain got heavier. It got darker. I realized that I did not want to leave Morske Oko. I had to force myself to move and looked back several times at the lake, until it was not to be seen any more. I also felt tired. It seemed boring to walk the same way again. I decided that if there would be carriages with horses (the only transport there), I would take one to spend less time under the rain.
I walked some 900 meters alone and then I saw the boys again. When some 200 meters were separating us, I saw a carriage with horses approaching me. The coachman cried to me in Polish, if I would like to have a ride. I thanked and rejected his offer. Serhii and I started talking again. I watched the carriage ride past us and did not regret it. Serhii’s friend was again silently going before us. We walked talking till the very bus stop under rain which did not stop for a minute.
The boys’ clothes were wet. So were their shoes. It was rather clothes for inside sports, not for mountain hiking. My dry super-raincoat made me feel obscenely rich. For a moment I wondered if I should offer them a ride with the next carriage. But I did not know how to put such an invitation into words. I had enough experience being a poor student in my life, but I had much less experience being an independent woman, especially in front of men, be it very young men. I was almost sure that they would reject my invitation. I did not event try. Apart from that, spending more time in the nature was also precious.
Their jackets got wet in several spots. Serhii said to me that he was perfectly OK. He told me that the day before, they went up and down another mountain near Zakopane under pouring rain. They decided to make the most of their vacation. Serhii was happy that “Maxi” had the same attitude. Maxi just smiled looking at us. They took a vacation for five days and travelled to Zakopane. It seemed that they wanted to walk all the possible ways in that mountain area and that no rain would stop them. They were very enthusiastic, but there was something desperate about it.
“Imagine, if we had a good camera! Then we would take beautiful photos here.”
“But cameras are heavy…” – I argued.
“It is always good to have a good camera. Especially if you travel with friends. You take photos, when they are not watching. And then you show them your photos. Imagine happiness and surprise on their faces! My friend once did so and sent us photos in Facebook. Everybody was so excited to get his photos! Nobody knew that he or she was being photographed.”
I felt ashamed. I almost never did like this, even if I had a good camera at my disposal. I regarded photography rather as obligation, at least when I was with people. When there was a gathering of people, colleagues, or friends, I preferred to enjoy time being with them. I did not want to sacrifice it for taking photos. I also had all the conditions to learn to take better photos, but I just could not find time for it or spent a lot of time swimming in doubts if it was worth investing my time in photography. Here was this boy passionate to do it, but something told me that he would not have opportunities to learn photography. Probably he would continue working at a Polish supermarket.  
“But photos in Facebook lose their quality. Like in WhatsApp, or any other messenger. You can send them as files. But nowadays nobody does it. Maybe it is indeed not worth it. Pictures look quite good any way. You cannot always tell everybody “Please send photos as a file” and explain how to do it.” - I could not help sharing my professional irritations. Suddenly I sounded to myself very boring, like a soulless robot.
Serhii did not comment on my grousing. He seemed not to hear me.
“Imagine all those lakes and mountains on photos! That is why people travel. Only good camera can show all the beauty of your trip. I do not mind if the camera is heavy. Ok, maybe for you as a girl, it is a problem.”  
“It is a problem for anybody. In mountains after several kilometers, especially when you carry food with you, every gramme makes a difference for your shoulders.” I also remembered the story of my friend from the front when he and his comrades had been walking several days under shelling and in the end had to throw away their guns, although one gets punished for this. But I did not want to retell this story.
I realized that I wanted to know more about Bakhmut. Maybe I will never meet again a person from Bakhmut. Just like my foreign friends or journalists, I wanted to ask as many questions as possible and tried to choose words correctly. So, I went back to the war topic:
“Is your mother alone in Bakhmut?” – I asked carefully. For whatever reason, he never mentioned his father.
“No, my father is also there. Today, when we arrived to the lake, I called her with video and wanted to show her the lake. “Hey, mom! Look where I am!” – I told her and moved the camera of my smartphone. Then I heard explosions and she said “I don’t have time for your nonsense! Bye!” and hung up.” – he smiled.
I imagined his videocall and my eyes filled with tears. I was lucky that it was raining. Every time I remember this, I start to cry. Even now, still.
Serhii continued: “She would not tell me what is really happening, because she knows me too well. I can adjust my hat and come to her in one second. My employer would probably be disappointed. But I think, he would understand. My brother called me some time later today and said that it was very loud in Bakmut today.”
He continued: “You know, if one grounds a family, then he or she has his home there where his family is. I do not have my own family yet. So, my home is there, in Bakhmut. It would be so great to wake up around noon from the sound of my mother’s scolding: “What? You are still sleeping! Goofing off again?” – he pronounced those unpleasant words with love. It broke my heart.  
On all the way, Serhii did not ask me a single question. Normally I hate such “communication” and regard it as disrespect, but this time I really appreciated his willingness to share and tried to remember everything he said.  
“Maybe, one day I will marry and then my home will be here. But it is not easy. A friend of mine told me that he was in love with a girl. Once he heard that she was saying to her girlfriend that her husband should earn at least 1000 euro, so that he can give her money for beauty salons and shopping. My friend will never earn so much, so he gave up. After all, one needs to pay rent and buy food as well. Then maybe in the future you want to buy a house…” Serhii started to calculate all the expenditures. I just listened to him. As single, I could not comment on family economics. I just told him that there were surely girls who did not think so much about money. He seemed to be sure that he had to finance his family. It sounded so rooted in his thinking that seemed impossible to unroot. I did not even try.
I asked him if his colleagues were nice to him, and he told me that people were like people everywhere: some were very nice and some were mean. From his stories I realized that he had good relations with his colleagues and neighbors. He also told me that his Polish got very good. Serhii did not stop talking, while his friend just smiled and was walking in front of us. From time to time he turned his head in our direction, especially when Serhii mentioned his name. Serhii would ask him “Right, Maxi?” And Maxi would just smile.
Suddenly we saw the bus stop. 9 kilometers under drizzling rain passed like 10 minutes. We were just talking about Ukrainian soldiers and Serhii told me that he did not want to say anything bad about them, because they defended our Motherland, but some soldiers in Bakmut had been disrespectful and rude. When he still lived in Bahmut, before 2022, one female soldier asked him at a checkpoint, why he was not defending his country. I wanted to know more, but my brain got uncapable of processing any additional information and I was cold. I wanted to get on the bus as soon as possible. The boys decided to stay outside for some time, although it was still raining. Maybe they smoked. I lost sight of them.
When we arrived to Zakopane in 15 minutes, I took off the bus and saw Serhii. It was already dark. I think it was 9 pm or so. He said goodbye to me in a surprisingly formal way: he shook my hand. Serhii wished me all the best and seemed to be deeply grateful to have met me. Although I cannot say why exactly. I had been just listening. I felt like a kind, old aunt. Before our ways separated, Serhii advised me to hurry up with packing my things and searching for a bus to Cracow. Listening to him, I felt young and stupid again. I did not know if there was a bus, where it was and if I manage to get to Cracow. I had already booked an apartment in Cracow for the coming night. I had to get there. I wished Serhii all the best too, although I wanted to say more. But I could not put it into words.
(to be continued)