El otro día vi la película, y no me resisto a compararla con la magnífica novela de Philippa Gregory ("The other Boleyn girl") en la que está basada, ya me conoceis ;-). Así que ahí va.
Doce años tenía María Bolena cuando su padre y su tio decidieron meterla en la cama del rey Enrique VIII, con la sana intención de afianzar su posición en la corte, y después de que el monarca se hubiera prendado de la niña. Vista con los ojos de hoy, María Bolena no era tan guapa ni se parecía a Scarlett Johanson pero en su época debió ser un bellezón. Y dejaremos aparte el hecho de que hoy en día el padre, el tio y el rey estarían en la cárcel por pederastia y proxenetismo pero claro, con los ojos de hoy es como NO se debe de mirar hacia tiempos pasados y en el siglo XVI por lo visto esas cosas eran normales.
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| María Bolena |
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Enrique se encaprichó de María, y quizá incluso la amó a su prepotente manera, pero cuando a los catorce años ella debió guardar cama durante casi todo su segundo embarazo, los Bolena, temiendo que la lujuria del soberano se dispersara por otras familias nobles y también poseedoras de mozas en edad de merecer, le pusieron en bandeja a Ana, la hermana mayor de María, de quince años. Y Enrique como el tonto que era, cayó en la trampa y en sus brazos. Se acabó María, y eso que dio a luz al ansiado hijo varón que tanto deseaba Enrique. Parece mentira que existiera una sociedad en la que se obligaba a las mujeres a madurar de golpe casi desde la niñez, y sin embargo se permitiera a todo un rey seguir haciendo el adolescente hasta bien entrada la treintena.
Enrique VIII por aquel entonces ya había pasado de ser un flacucho y desgarbado pelirrojo a ser un obeso pelirrojo afectado de gota, y en muchas ocasiones de impotencia. Vamos, que para nada se parecía a Eric Bana, y debió de ser repugnante para las adolescentes María y Ana establecer con él contacto carnal, por decirlo finamente.
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| Enrique VIII |
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También debió de ser duro para su esposa, la reina Catalina quien, prometida desde su nacimiento a Arturo, Príncipe de Gales y hermano mayor de Enrique, se casó con él a los 16 años sin conocerle de nada, se enamoró de él y lo vio morir de unas fiebres todo en menos de un año, y sin saber a su muerte si Arturo la había dejado embarazada o no. Y la cosa tenía su importancia, porque de estar embarazada, o no, dependía su vida. No lo estaba. Menos mal que su coraje, su sangre española y su inteligencia la ayudaron a alargar la duda un tiempo mientras ponía en marcha el plan B: camelarse al idiota envidioso de Enrique para que la tomara como esposa, y dársela con queso jurando y rejurando que su matrimonio con Arturo no fue nunca consumado. Y el idiota envidioso de Enrique, que siempre había sentido celos de Arturo y que codiciaba tanto la Corona como el amor de Catalina, cedió. La mare que va, ¿se puede ser más tonto? Pues sí, se puede, y Enrique lo demostró enseguida. Una vez sentado en el trono junto a Catalina fue un monarca pésimo, consiguió enemistarse con el resto de Europa, incluida y especialmente la poderosa Roma, y sumir a Inglaterra en un caos total. En cuanto a Catalina, que de habérselo permitido habría gobernado mil veces mejor que él, se dedicó a humillarla poniéndole los cuernos durante años y acusándola de no darle un hijo varón, mientras la pobre reina paría sin cesar niños muertos o moribundos. Todo para acabar repudiándola en una pantochada de juicio para poder casarse con Ana Bolena....

... y con esto volvemos a las hermanas Bolena. La rivalidad entre ellas existió y no fue baladí. María no soportaba que Enrique la hubiera cambiado por su hermana, y Ana, ambiciosa como ella sola, no soportaba que el rey hubiera sido antes amante de María. Y francamente, la primera batalla la ganó Ana pero la guerra la ganó María que fue la más lista, cogió a sus hijos, se casó con un caballero de la corte y se largó de allí pitando. Por celosa que estuviera de Ana, también debía estar hasta las narices del pesado del rey.
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| Ana Bolena |
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Ana mientras, cegada por la ambición, decidió no parir hijos bastardos y exigió a Enrique para entregarse a él que repudiara a Catalina, se casara con ella y la convirtiera en Reina de Inglaterra. Y Enrique, el muy tonto, así lo hizo, provocando una crisis internacional. Pero lo peor es que la propia Ana no se dio cuenta de las consecuencias de sus actos: haciendo romper al rey el entonces vínculo sagrado del matrimonio estaba cavando su propia tumba. Porque Enrique a esas alturas era ya insoportable, sus enfermedades y sus ataques de celos hacían la vida muy difícil a quien estuviera a su lado. Acusaba a Ana de no quedarse encinta, como ya hizo con Catalina; cuando Ana tuvo a la princesa Isabel la acusó de que ésta fuera una niña y no el varón que él tanto deseaba; y ya para rizar el rizo, como Enrique estaba casi siempre impotente, cuando Ana concibió, gestó y abortó al quinto mes un feto monstruoso, la acusó de haber tenido relaciones con el diablo y la condenó a muerte. Toma ya. Sí, Ana fue juzgada por un tribunal pero el pueblo nunca la quiso, era vox populi que el rey se había cansado de ella y tonteaba con Jane Seymour, y a ver quien es el guapo que desde un tribunal tiene lo que hay que tener para llevarle la contraria a un cabreadísimo Enrique VIII. Nadie. Así que culpable por unanimidad y la pobre y torpe Ana, al cadalso. Por cierto, en la película Ana trata de convencer a su hermano Jorge para que sea él quien la deje embarazada ya que el rey no puede, pero parece ser que en la realidad su hermano andaba muy ocupado cortejando a un apuesto capitán de la guardia del rey. Un secreto a voces que su mujer, loca de celos, aprovechó para sacar a la luz cuando la reina Ana cayó en desgracia. Resultado: las cabezas de Jorge y del apuesto capitán rodaron por el cadalso, pertinentemente separadas de sus cuerpos, unas horas antes que la de Ana. Como para que luego nos quejemos de la monarquía actual.
