sábado, 19 de agosto de 2017

Barcelona



Tenía que pasar y lo raro es que haya tardado trece años. Trece años en los que la Policía y la Guardia Civil no han parado de detener yihadistas para tener que soltarlos enseguida por presunción de inocencia, falta de pruebas, beneficios penintenciarios o cualquier gilichorrez de nuestro estado de bienestar que hace a los malos reírse de nosotros a carcajada limpia. Y con razón. Cada vez son más, cada vez tienen más medios, suelen cobrar ayudas y subvenciones varias para no tener que molestarse ni en buscar trabajo, y así poder dedicarse plenamente a planear y ejecutar el asesinato de quienes les pagan las ayudas. Además tienen el apoyo incondicional de esa media España timorata e ignorante que les hace la propaganda sucia: se come con la boca abierta que los malos sólo son pobre gente a la que alguien arrebató sus derechos; se inventa la “islamofobia” y la esgrime sin ningún pudor ante cualquiera que ose decir aquello de “hombre, algo tendrán que ver los atentados con el islam…”; rebusca bajo las piedras de la historia cualquier atentado de terrorismo no islámico para ponerlo como ejemplo una y mil veces; se convence de que el islam es equiparable hoy en día al cristianismo porque hubo unas cruzadas y una inquisición en la época medieval y vamos, le falta ponerse el burka y convertirse al islam por solidaridad, para luchar contra la islamofobia que es lo que más les preocupa a esos españoles de bien. Los muertos no, la islamofobia.

Deteniendo a un yihadista
Hemos vivido estos años con relativa tranquilidad en España gracias a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Los mismos que acabaron con ETA se han dejado la piel para impedir otro gran atentado en España y han impedido miles, pero estaba claro desde el principio que no puede haber un policía detrás de cada español y eso los malos lo saben mejor que nadie, ya no intentan mega atentados tipo Torres Gemelas y prefieren hacer algo más pequeño como atropellos y apuñalamientos, pero que sin embargo resulta mucho más terrorífico puesto que hace ineficaces las medidas de seguridad para grandes eventos. Cualquiera puede ir por la calle y ser atropellado o apuñalado, no hay manera de protegerse de ello.

Y con el atentado han llegado, cómo no, los oportunistas haciendo gala de una cara tan dura que no me explico cómo no se les cae a trozos. Empezando por la Comisión Islámica de España que ha tenido la santa barra de enviar un comunicado expresando su repulsa al atentado y su compromiso a luchar contra “cualquier clase de terrorismo”. Y ello me recuerda a los acertados exhabruptos de Oriana Fallaci cuando oía semejante estupidez y parece que la oía mucho: (“¡¡¡Cómo os atrevéis raza de ignorantes!!! ¿qué es eso de cualquier clase de terrorismo? ¿acaso hay más terrorismos? ¿acaso hay un terrorismo católico, esquimal, budista, mormón, judío, maorí, apache, luterano, animista? ¡¡¡SOIS VOSOTROS LOS TERRORISTAS, PANDA DE CRETINOS!!!”)


Casi que hasta me alegro de que la Sra. Fallaci muriera hace once años porque si no igual habría muerto hoy del monumental cabreo al ver las redes sociales. Porque rizando el rizo de lo esperpéntico y la hipocresía en vena, no sólo la Comisión Islámica ésta de las narices, también (y háganme el favor de leer esto sentados no se me vayan a marear) también la UNRWA y la OLP se han unido a esta ola imparable de repudio a la violencia y han manifestado su solidaridad con las víctimas. Esos grandísimos hijos de su perra madre se creen que nos chupamos el dedo y que no sabemos quien inventó el terrorismo palestino, la OLP, y quien lo sigue apoyando y financiando hoy en día, la UNRWA entre otros. Se creen que nunca oímos hablar de Ma´alot, ni de los atletas de Munich, ni de la familia Salomon. Se creen que no sabemos lo que pasa en las escuelas gazatíes de la UNRWA, ni que esconden y disparan misiles desde allí, ni que enseñan a los niños cómo apuñalar judíos. Se creen que somos tontos y en parte tienen razón, actuamos como tontos cuando leemos sus falsas condenas a los atentados y no les saltamos al cuello. Pero mira, ya lo hizo la Fallaci y al final a quien le saltaron al cuello fue a ella.

La OLP se solidariza
Así como los kamikazes japoneses inventaron los ataques suicidas, los musulmanes palestinos inventaron los atropellos como ataque terrorista, y los han estado practicando en Israel durante varios años antes de exportarlos a Europa, así que las asociaciones musulmanas en general, y las propalestinas en particular se pueden meter su sucia hipocresía por donde les quepa, que a la gente con más de dos neuronas no nos cabe por ningún sitio.

Lo cierto es que las redes sociales acaban reflejando siempre lo mejor y lo peor, como la vida misma. Junto al estúpido hashtag #YoTeAcompaño, podemos encontrar hilos brillantes como el que reproduzco a continuación con permiso de su autor. El hashtag pretende proteger a los musulmanes que se puedan sentir amenazados por la islamofobia si alguien les mira mal tras los atentados; el hilo es una recopilación de comentarios buenistas tras un atentado islámico, pero cambiando “islam” por “extrema derecha”, dos conceptos que se parecerían bastante si no fuera por el trato tan diferente que se les da en los medios y en las redes. Juzguen ustedes mismos.









Sólo me queda tirar un poco de las orejas a nuestros queridos políticos, siempre tan bienintencionados como desacertados en este tema. Señores políticos, como ciudadana me consuela mucho verles solidarizarse en twitter con las víctimas del atentado, pero ahora quiero que hagan algo más. Quiero que:

1. Controlen estrictamente nuestras fronteras, envíen a la Legión si hace falta,  estarán encantados. Que no entre nadie en Europa sin su pasaporte y previa comprobación de que no tiene antecedentes por conductas yihadistas en su país de origen. Acojamos  como refugiados únicamente a las personas que provengan de zonas en conflicto, y dando prioridad a aquellas minorías religiosas perseguidas (ejemplo: cristianos).

2. Endurezcan el Código Penal o complementen con un Pacto Antiyihadista valiente, eficaz y políticamente incorrecto. Deportación inmediata de los extranjeros que cometan algún delito y prisión indefinida e INCOMUNICADA  para los españoles que cometan delitos relacionados con el terrorismo. Cumplimiento íntegro de las penas, sin límite de 30 años y sin permisos.

3. Hagan que se considere “delito de terrorismo” no sólo la comisión de atentados, sino también su ideación, financiación, apoyo, apología, justificación, inducción y ocultación de información a las fuerzas del orden.

4. Impongan limitaciones a la práctica del “islam moderado”. Cuanto mayor es la población de musulmanes “moderados”, mayor es y más se envalentona la de “radicales” así que el islam debería dejar de ser tenido en cuenta como algo que permite acogerse a la libertad de culto.  No permitan vestimenta ni rezos islámicos en lugares públicos, no permitan la apología ni la publicidad islámica. Controlen de manera  exhaustiva TODAS las mezquitas y cierren de inmediato aquellas que se consideren cercanas al yihadismo; detengan al iman y abran ficha policial de todos sus fieles con la consiguiente investigación de cada uno de ellos.

5. Impidan que las mezquitas se financien con dinero de otros países, Y MUCHO MENOS con dinero público español.

6. Corten relaciones comerciales y diplomáticas con todos aquellos gobiernos que no estén firmemente comprometidos (teoría y práctica) en luchar contra el yihadismo. Si nos quedamos sin petróleo, iremos en bicicleta, pero al menos podremos pasear por La Rambla tranquilos.


Atropello terrorista en Jerusalén
Tengo muy claro que en las próximas elecciones votaré al partido que más serio me parezca en sus propuestas antiterroristas, al que llame a las cosas por su nombre y al que entienda que hay que atacar el problema de raíz, y que la raíz es la creciente islamización de Europa. Me da igual que sea “Marxistas-leninistas revueltos lo petamos” o “España 3000 del Caudillo”, la actitud frente al terrorismo islámico de cada partido va a ser mi único criterio a la hora de votar, y me atrevo a decir que si no el único, va a ser un criterio importante en el voto de todos los españoles que no quieran acabar bajo un camión o bajo un burka. Y somos más de los que parece, tomen nota señores políticos. Tomen nota.


viernes, 30 de junio de 2017

Islamofobia y otras moderneces

Antiguamente una fobia era una fobia, un trastorno mental como dios manda. Había montones, se podía tener fobia a casi todo, y siempre provocaba un sufrimiento importante en quien la padecía, llegando a veces a incapacitar gravemente la vida de una persona. Hoy en día eso ha cambiado. No sé a quien se le ocurriría la brillante idea de llamar “fobia” al desagrado o rechazo a cualquier cosa, pero se lució. Una de estas neofobias, quizá la más estúpida es la llamada homofobia, o fobia a los homosexuales y a la homosexualidad. Digo estúpida porque en primer lugar es difícil que alguien sufra un ataque de pánico con sólo ver a un gay, mientras que un aracnófobo sí puede fácilmente sufrirlo frente a la visión de una araña. 

Aracnofobia

Los homófobos no se asustan ante las personas LGTB sino que las desprecian y las atacan, y eso no convierte en enfermos a los homófobos, les convierte en unos perfectos cínicos. Porque si bien el miedo a las arañas, pese a que en su versión fóbica sea desproporcionado e incapacitante, pudo tener razón de ser a lo largo de la evolución (el tataratatarabuelo que vio una araña venenosa negra y enorme, se asustó y salió corriendo, es que siguió vivo para poder reproducirse) el rechazo a los LGTB no pasa de ser una estupidez supina. La homosexualidad no se contagia, y su aceptación abierta y visible hace que la sociedad en la que vivimos sea más libre y más respetuosa. Resistirse a esa aceptación es tirar piedras contra el tejado de todos.


Pero claro está, con el advenimiento de estas neofobias parece que haya llegado también una epidemia de fobobofia (palabro que me acabo de inventar): todo el mundo ha de justificarse cuando expresa una opinión y ésta podría, incluso muy enrevesadamente, ser sospechosa de alguna incorrección política o neofobia. Nadie quiere que le consideren homófobo o xenófobo, palabras que se han convertido en el insulto más socorrido de los multiculturalistas progretolerantes, y no dudan en utilizarlo a todas horas sin ningún pudor ni conocimiento de causa. Menos mal que “racista”, “machista” y “facha” aún mantienen su significado original y no parece que hayan sido transformados en fobias. De momento.

Y con esto vamos llegando al meollo de la cuestión, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que siempre hay algún tren en marcha al que subirse, ha nacido una nueva palabra que me llama mucho la atención y que oímos cientos de veces, normalmente en contextos que la convierten en una acusación terrible: islamofobia. Ahí le has dado. Cualquier persona que profese una religión o defienda unas ideas políticas, con total seguridad en algún momento oirá críticas hacia ello, por algo vivimos en una sociedad con libertad de expresión y uno es libre de criticar lo que le dé la gana. Excepto al islam. Como se te ocurra expresar el más mínimo resquemor al respecto te vas a estar oyendo llamar islamófobo hasta que las ranas críen pelo. Y si bien como ya se ha comentado antes la mal llamada homofobia es algo completamente absurdo, el miedo o rechazo al islam es la reacción más lógica de alguien que, viviendo en una sociedad occidental, se interese e intente conocer algo mejor el islam. No me quiero extender porque los asiduos a este blog ya han leído un montón de veces mis críticas hacia esta peliaguda religión, simplemente recordar que su trato a las mujeres, niños y minorías, así como su respeto por los derechos humanos, deja siempre muchísimo que desear. Y añadir que el islam no es sólo una religión, es una forma de vida que abarca todos los aspectos, desde el gobierno de un país a los momentos íntimos de una pareja, con unas leyes muy estrictas y severísimos castigos para quienes las incumplen.


Convirtiendo a los infieles

Y lo peor de todo no es esto, y tampoco los atentados terribles que llevamos tiempo viendo y viviendo en Europa, lo peor es el espíritu proselitista del islam, ese ciego empeño en convertir a todo el mundo a golpe de cimitarra si hace falta, como ya hizo su admirado profeta. Y no es ningún consuelo que la mayoría de los musulmanes sean gente pacífica, eso no ha parado nunca los pies a quienes no lo son, y con el aumento de la población musulmana y la normalización de sus costumbres y forma de vida, aumenta también la proporción de aquellos que están dispuestos a matar, a torturar y a someter al resto con tal de expandir su credo. Da miedo, mucho miedo. No hay más que echar un vistazo al mundo árabe y sus primaveras, para ver con claridad lo que se nos viene encima a los europeos.

“Islamofobia: término creado para proteger a un grupo ideológico que no está amenazado por nadie.”

Ésta es la mejor definición que he leído jamás. El victimismo arafatiano se ha adueñado de los musulmanes que viven en occidente, sean o no inmigrantes, y van llorando por las esquinas lo mucho que les discriminan, les maltratan y no les dejan practicar su religión. Practicar su religión significa implantar la sharia no sólo para los musulmanes, para todo el mundo; significa cargarse de un plumazo nuestras leyes, nuestra constitución, nuestra sociedad libre que tantos años y tanta sangre ha costado conseguir, para establecer una teocracia terrible bajo gobierno de cuatro sádicos zumbados; significa que las mujeres pierdan la libertad para vestirse como quieran, para casarse con quien quieran, para ejercer una profesión y ganar su propio dinero; significa andar colgando de las grúas a los homosexuales o a cualquier varón mínimamente sospechoso de serlo; significa que una mujer violada es la responsable de esa violación y será castigada por haber provocado sexualmente a su agresor.

No democracia, sólo queremos islam
 ¡JODER! (con perdón) ¡claro que no se les deja practicar su religión! ¿cómo íbamos a permitir en occidente todas esas salvajadas? El problema es que eso no lo dicen, se limitan a quejarse de que les miran mal por llevar velo o chilaba y a calificar cualquier crítica como “delito de odio”, para ellos es lo mismo decir “el islam es machista” que apalear a alguien por ser esquimal, lo mismito. Y cuando sean mayoría y puedan establecer la sharia de manera democrática, lo vamos a pasar muy mal.

Similitudes 
Si mañana un grupo neonazi apareciera en televisión quejándose de que aquí mucha libertad pero no les permiten matar judíos ni llevar esvásticas, todos nos horrorizaríamos; si mañana viéramos a un militante del KuKusKlan quejarse de que le discriminan porque nuestra ley le prohibe pegar a los negros y llevar a su hijo al colegio con el capirote puesto, alguien le explicaría de inmediato que en nuestra sociedad todo el mundo tiene derecho a que nadie le pegue, y que su hijo no puede llevar al colegio una prenda que simboliza la humillación y el maltrato a otras personas. Pero con el islam pelillos a la mar, los imanes predican lo que les da la gana no sólo en las mezquitas, también en medios de comunicación y redes sociales, mientras los musulmanes moderados y los superprogres inmediatamente llaman “islamófobo” a quien les tosa.

Pues va a ser que soy islamófoba. Quiero una sociedad libre, no quiero que nadie me obligue a profesar una religión; quiero casarme con quien quiera, cuando quiera y si quiero; no deseo que nadie mate a gays, a negros, a infieles o a judíos; si una mujer es violada quiero que se castigue al violador y no a ella; quiero vivir en una democracia donde las leyes salgan de un parlamento y no de la mente enferma de un fanático analfabeto. Va a ser que soy nazífoba, kukusklanófoba, racistófoba, machistófoba, tiranófoba e islamófoba. Y a mucha honra.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Por qué no soy feminista

“Mi marido no es guapo, ni falta que le hace”

Me ha venido a la cabeza esa frase cuando he pensado en el primer y principal motivo por el que no soy feminista: básicamente porque no me hace ninguna falta. He tenido la suerte de nacer en un país occidental en el siglo XX y he estudiado lo que he querido, he trabajado en lo que he querido, he estado en pareja o sin ella cuando he querido… por resumir, he hecho toda mi vida lo que me ha dado la gana y jamás he tenido ningún problema por ser mujer, ningún inconveniente o dificultad que no hubiera tenido siendo hombre.

Ahora bien, pasando del egoísmo a la solidaridad, está claro que ésa no es la situación de la mayoría de mujeres en el mundo y que el feminismo debe existir no por mujeres como yo, que nos bastamos y nos sobramos, sino por mujeres en otras circunstancias que sí tienen una vida mucho más difícil por ser mujeres. Y aquí es donde empiezan los problemas, porque un movimiento que en teoría debería estar creando un mundo más justo, en la práctica deja muchísimo que desear. Y es por eso que muchas mujeres (y hombres) con fuerza, con voz y con ganas, deciden no apoyar al feminismo organizado.


DISCRIMINACIÓN POSITIVA
 
Discriminar a las mujeres está mal, discriminar a los hombres es igualdad de oportunidades

Entiendo que la discriminación positiva puede ser necesaria en algún momento concreto y en alguna circunstancia especial, pero en general me parece tan mala como la negativa porque no deja de perpetuar una situación de discriminación, además de señalizar a quien la requiere como “menos apto” para conseguir lo que otros consiguen sin ayuda. Y sin embargo las feministas justifican la discriminación positiva hacia las mujeres como una compensación por los años de heteropatriarcado machista en los que hemos estado ninguneadas y hemos sido tratadas como ciudadanas de segunda clase, y eso lo dicen feministas de veinticinco años hablando en primera persona, como si hubieran pasado su vida picando piedra en la mina en vez de disfrutando de becas, sanidad gratuita y leyes de violencia de género. En fin, nena, que si tus bisabuelas levantaran la cabeza…


EL TRABAJO DOMÉSTICO Y LA BRECHA SALARIAL

El trabajo doméstico es trabajo, y tanto que lo es, pero cuando exigen a gritos su remuneración, las feministas son las primeras que están dando por sentado que es trabajo femenino y ahí es donde me dejan ojiplática de nuevo. El trabajo doméstico de la casa propia es de todos los que habitan en ella, sin excepción y cada uno en la medida de sus posibilidades. No existe ningún gen mutante en el cromosoma Y que impida a ningún hombre del mundo coger una escoba, una plancha o un biberón y utilizarlos en su debida forma. Y cuando digo todos los que habitan en la casa, digo todos incluyendo niños y abuelos, cada uno lo que pueda pero todos los miembros de la familia tienen esa responsabilidad. Hay hombres que no parecen tenerlo demasiado claro, pero es que hay mujeres que tampoco: las oigo presumir de lo buenas amas de casa que son, de lo limpio que lo tienen todo (ellas en singular, sin incluir a los maridos); las oigo decir que su marido es muy bueno porque “me ayuda en la faena de la casa y me deja salir a tomar café con mis amigas” (me encanta esa frase) o las oigo por el contrario quejarse de que “no ayuda nada” mientras ella friega-guisa-cambiapañal todo a la vez y el maromo se toca los huevos en el sofá frente a la tele.

Y luego las feministas para arreglarlo exigen un sueldo para el ama de casa a cargo del dinero público, claro, para que ella pueda tener cierta independencia económica en pago por “su trabajo” mientras él se los sigue tocando tranquilamente en el sofá, y todos contentos. Ale pues ¿problema solucionado? ¿en serio?

La brecha salarial es uno de esos temas con mil interpretaciones, susceptible de que cada uno extraiga la información que quiera y la utilice a su conveniencia. No es verdad que por hacer el mismo trabajo si eres mujer cobras menos, eso está prohibido por la ley, lo que sí es verdad es que si coges por una parte a todas las mujeres que trabajan, y por otra a todos los hombres que trabajan, al sumar los sueldos de unos y de otras resulta que las mujeres cobran menos. ¿Por qué? pues porque suelen tener empleos menos cualificados y por lo tanto menos remunerados. 

¿Están las mujeres menos cualificadas que los hombres para ejercer cualquier profesión? en absoluto, pero muchas mujeres siguen teniendo claro que su salario es menos importante que el de su pareja, que han de ocuparse además en solitario de las tareas de la casa, y que si uno de los dos en algún momento ha de aparcar su vida profesional para dedicarse a la crianza de los niños, será necesariamente ella y no él. Y teniendo eso tan claro es lógico que se ponga menos interés y se tenga menos ambición en la vida profesional de una y es más probable que la mujer acabe teniendo un empleo menos remunerado que el de su pareja masculina, al final es la pescadilla que se muerde la cola. ¿Es injusto? sin duda, ¿es culpa del machismo y del heteropatriarcado? en parte sí, pero digo yo que las mujeres en tanto que seres adultos y pensantes algo tendremos que decir al respecto. El machismo no nos obliga a priorizar nuestra vida familiar sobre la profesional, sólo nos sugiere que lo hagamos, pero somos nosotras quienes tomamos nuestras decisiones.


 
CONTRA EL HOMBRE

Ya lo dijo mi paisano Toni Cantó, que el feminismo no puede hacerse contra el hombre y más razón que un santo tenía. Algunas feministas son lesbianas furibundas y les repugna la idea de practicar sexo con un hombre, hasta ahí perfecto, pero incluso las más acérrimas lesbianas ¿no tienen padre? ¿no tienen hermanos, primos, hijos, amigos, compañeros de trabajo varones por los que sientan un cierto aprecio? ¿son todos tan odiosos que no podemos aceptar que algunos de ellos también sufran violencia en su hogar? ¿son tan malvados que podemos echarles la culpa sin pestañear de todas las actitudes machistas que hayan sufrido todas las mujeres del mundo a lo largo de la historia? Esa actitud me recuerda un poco a la clásica gañanada de bar, la que suele soltar un tío espatarrado con un whisky en una mano y un puro en la otra, y que reza así: “las tías son todas unas zorras”. Y a mí me entran ganas de preguntarle al  neandertal de turno: “¿todas, todas? ¿tu madre también?”.

Así que no me vale, queridas feministas, hombres y mujeres vamos todos juntos en el mismo barco, y hemos de sacar adelante todos juntos esta sociedad en que vivimos y que es el futuro de nuestros descendientes. Dejemos de echar la culpa de todo a quien no la tiene, y concentrémonos en quienes sí la tienen, que es más difícil y más políticamente incorrecto, pero mucho más efectivo y justo.


GRACIAS AL FEMINISMO

A algunas las saca de quicio que una mujer no milite en movimientos feministas, ¡que incluso se atreva a criticarlos de vez en cuando!, que no esté a favor del aborto ni de la ley de violencia de género, que sea de derechas, que no ponga a parir a “los tíos” así en general en cuanto abre la boca, que quiera tener familia numerosa o incluso lo más imperdonable, que si estando sentada en un bar con un amigo piden una cerveza y una fanta, si le sirven a ella la fanta no empiece a informar a gritos al camarero de lo heteronormativo patriarcal que ha sido su comportamiento, sino que se limite a intercambiar las bebidas y no le dé ninguna importancia. Y es que para ser una buena feminista no sólo hay que querer la igualdad de oportunidades para todos, ni querer proteger a las mujeres en aquellas situaciones en las que puedan estar desprotegidas, no, qué va. Parece que nadie es una buena feminista si no se ha quedado embarazada para luego abortar y demostrar así que su cuerpo le pertenece; si de cada cinco palabras que dice, una no es “heteropatriarcal” o “heteropatriarcado”; si vota al PP o Ciudadanos; si decide criar a sus hijos con biberón en vez de amamantarlos; si no acusa constantemente a todos los hombres de todos los males del mundo; si no está vigilante con mil ojos a la caza de algún presunto micromachismo, para saltar directamente a la yugular del presunto micromachista sin darle tiempo a decir buenos días.


No, las mujeres que no cumplen esos requisitos son constantemente acusadas de machistas y de fachas por las “verdaderas” feministas, que como buenas antifascistas jamás admiten una sola crítica y tienen claro que la libertad de expresión es válida únicamente para ellas (nótese la ironía, por favor). Inmediatamente viene lo de “gracias al feminismo puedes votar y trabajar”, “si eres mujer deberías defender siempre a las mujeres” y “si no apoyas nuestra lucha, al menos cállate”, tres clásicos feministas de libro equiparables en frecuencia y oportunidad al ya comentado e insuperable “sois todas putas” de cualquier gañán que se precie.

Y sí, gracias al feminismo podemos votar y trabajar, y estamos muy agradecidas a las mujeres y hombres que hicieron eso posible hace unos años, pero nadie tiene derecho hoy en día a autoproclamarse portavoz de aquella gente y en su nombre decirme a mí lo que tengo y lo que no tengo que hacer con mi vida. Estar agradecida no significa perder la capacidad de pensar por una misma, así que tú, feminista veinteañera que hablas de “lucha” cuando lo único que haces es gritar, abortar y enseñar las tetas, tú no tienes la menor idea de lo que es una lucha de verdad. No eres capaz de entender lo que tuvieron que pasar las sufragistas, ni las primeres mujeres científicas, escritoras o artistas, ni tus bisabuelas en la posguerra, ni tantas y tantas mujeres que son quienes hicieron posible que hoy podamos votar y trabajar. Ellas, no tú, así que menos lobos con la lucha feminista y ni se te ocurra decirle a nadie que se calle al respecto, por mucho que te fastidie su opinión ya sea hombre o mujer. Si no sabes rebatir sus ideas con argumentos, plantéate que a lo mejor quien debería estar un rato calladita, eres tú.


MUJERES CONTRA LA ISLAMOFOBIA

Ésta la he dejado para el final porque es sin duda mi favorita, y por supuesto la razón de más peso para alejarme y discrepar de los movimientos feministas. Dejando aparte la estupidez en sí misma que es la palabra “islamofobia”, ya hablaremos de ello otro día si se tercia, me fascina y me escandaliza a partes iguales ese contubernio de las feministas con el islam, esa tolerancia mangánima hacia lo intolerable, ese buen rollito de libertad para todas y todos. Es que me suena como sonaría un negro yéndose de copas con el KuKusKlan, o un judío defendiendo el derecho de los nazis a tener sus ideas y sus cámaras de gas.


A ver pardillas, ¿es que no habéis leído el corán, donde dice que una mujer vale la mitad que un hombre porque es palabra de alá y punto en boca? (Sura 2.282) ¿no habéis leído donde aconseja a los maridos que peguen a las mujeres desobedientes? (Sura 4.43) ¿no habéis visto nunca fotos de lapidaciones a adúlteras, de latigazos a víctimas de violación, de matrimonios entre hombres adultos y niñas pequeñas? ¿qué pensáis que es el islam? ¿qué creéis que significa el velo islámico? cuando defendéis la libertad para usarlo en occidente estáis defendiendo el derecho de los negros a estar encadenados, el derecho una maltratada a que su marido le pegue, el derecho de un trabajador a cobrar 50 euros al mes por 80 horas semanales. Vamos, que os estáis pasando los derechos por el forro, especialmente aquellos que tanto ha costado conseguir y por los que debemos estar tan agradecidas, porque el velo islámico significa la anulación de todos esos derechos. Algunas sí queremos mantener esos derechos, y por eso nos aterra lo que el islam hace a las mujeres mientras vosotras os dedicáis a echar piedras sobre el tejado de vuestras hijas y nietas; porque nosotras igual no lo veremos, pero a ellas nadie las va a respetar cuando les pongan un burka encima y las obliguen a dejar de trabajar o a casarse con su violador. No les valdrá de nada decir “mi abuelita que era feminista apoyaba al islam”, las maltratarán igual y si tenéis alguna duda echad un vistazo al mundo árabe, y comparad la situación de las mujeres antes y después de cada revolución islámica. Para que os quede bien claro como feministas, aquello a lo que NO os estáis enfrentando.


Así que si de verdad queréis defender a las mujeres, dejad de quemar sostenes y empezad a quemar velos y a despotricar contra el islam, esa teocracia fanática disfrazada de religión que se dedica a maltratar a las mujeres por ley. Es la única opción cuando una feminista tiene dos neuronas y dos ovarios.

martes, 17 de enero de 2017

La última batalla de Yoni (Por fin, Israel XI)

XI
La última batalla de Yoni


"Se trataba de un chico intenso y expresivo"

“El 4 de julio de 1976, un grupo de comandos israelíes irrumpió en la vieja terminal del aeropuerto de Entebbe. Su líder, el teniente coronel Jonathan Netanyahu. Su misión, liberar a los 106 rehenes secuestrados por terroristas internacionales y por el ejército ugandés bajo las órdenes de Idi Amin. Una hora más tarde, cuando los rehenes ya se encontraban sanos y salvos y de camino a casa, nacía la leyenda de Entebbe y con ella, la leyenda de Yoni.”

Esta historia sucedió hace muchos años y nada tiene que ver con mi viaje, pero es tan hermosa, tan desgarradora, tan valiente y sobre todo tan israelí que no me resisto a contarla como colofón a esta serie de relatos, por fin, Israel. Ésta es la historia de un hombre y su destino, la historia de una hazaña sin precedentes, la historia de un país milagroso y sus héroes, la historia de todo un pueblo.

La Operación Entebbe, posteriormente rebautizada como “Operación Jonathan” fue uno de los éxitos más espectaculares que se conocen en la historia militar, pero también fue una operación arriesgadísima, que sólo podía ser llevada a cabo por seres tan valientes como insensatos. Aquel 4 de julio de hace ahora cuarenta años, Israel se encontraba contra las cuerdas. Con 106 de sus ciudadanos secuestrados y un gobierno que tenía como consigna no negociar con terroristas; con cientos de familiares de los rehenes exigiendo que se negociara y se les rescatara, y sin posibilidades realistas de una intervención militar en Uganda, a 3600 kilómetros de Israel. El gobernante ugandés era el sangriento dictador Idi Amin, bien conocido en el mundo de aquella época por ser un cacique salvaje sin ninguna piedad por su propio pueblo, y también por congraciarse de vez en cuando con terroristas internacionales. Incluso aunque hubiera negociaciones y éstas surtieran efecto, el tal Amin no era de fiar y el gobierno israelí lo sabía, temían por la vida de sus ciudadanos porque había motivos más que de sobra para temer. Por otra parte la ayuda internacional en aquel momento, como suele pasar cuando se trata de Israel, no sabe/no contesta. Francia y EEUU denegaron explícitamente involucrarse en el asunto por temor a provocar una crisis diplomática con los árabes, así que Israel estaba, como casi siempre, solo ante el peligro.

“No nos enfrentamos a ejércitos reales (con estos se pueden arreglar las cuentas fácilmente) sino a una turba de bárbaros que luchan en pos de “la libertad y el progreso”. No debemos temer a nada: esta pequeña nación judía es capaz de cuidar de sí misma.”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu


EL SECUESTRO

 
El 27 de junio de 1976, un avión de Air France que cubre la ruta Tel Aviv-París, realiza una escala en Atenas. Durante esa escala cuatro terroristas asaltan el avión y se hacen con el control, desviando el vuelo de su ruta y dirigiéndolo a Libia. Además de la tripulación, viajan en el aeroplano 241 pasajeros, muchos de ellos israelíes. Los secuestradores son dos hombres palestinos, más un hombre y una mujer alemanes. En Libia el avión reposta y los secuestradores liberan a una rehén que está embarazada, luego continúan volando hacia Uganda y aterrizan en el aeropuerto de Entebbe. Allí se encuentran varios terroristas más, quienes junto con soldados ugandeses trasladan a los rehenes a la terminal vieja. En breve reciben la visita de Idi Amin, el dictador ugandés que les habla como si fueran sus invitados, les tranquiliza, les dice que van a estar muy bien allí y que pronto regresarán a sus hogares. Haciendo de poli bueno, el tío. 

Idi Amin, dictador de Uganda en 1976
Después se produce una escena escalofriante que los supervivientes todavía recuerdan con horror. Los secuestradores separan a los rehenes en dos grupos: de un lado los que tienen pasaporte israelí o bien aparentan ser judíos por su vestimenta, aspecto, etc, de otro lado todos los demás. En breve el segundo grupo es liberado y los del primer grupo ya saben lo que les espera, con suerte serán canjeados por terroristas palestinos y en caso contrario serán asesinados sin ninguna piedad. Nadie se cree las palabras de Amin y les aguardan unos días de miedo e incertidumbre.

Las demandas de los secuestradores a cambio de la vida de los rehenes no se hacen esperar, exigen la liberación de cientos de terroristas palestinos e internacionales. Sólo 53 de esos terroristas se encuentran presos en Israel, el resto está en otros países, lo que hace prácticamente imposible satisfacer dichas demandas. El plazo estipulado es de cuatro días, si el 1 de julio a las 14.00 horas no se ha liberado a todos los presos, los secuestradores comenzarán a ejecutar a los rehenes.

Plano de la terminal vieja del aeropuerto de Entebee
Los terroristas se vienen arriba una vez que tienen hecha la parte más difícil, secuestrar el avión y conducirlo a Uganda. Allí, protegidos por el dictador y su ejército, se sienten seguros y ya sólo les queda esperar o bien la capitulación total de Israel o bien la renuncia del gobierno israelí a salvar la vida de 106 de sus ciudadanos, lo que supondrá en ambos casos un terrible golpe para el pequeño país y una enorme victoria para los terroristas. No cuentan en ningún caso con una tercera posibilidad: lo que son capaces de  hacer Jonathan Netanyahu y sus hombres.

Michel Bacos era el piloto del avión de Air France secuestrado. Cuando supo que se iba a liberar a algunos rehenes, Michel pidió a los secuestradores quedarse hasta que el último rehén hubiera sido liberado, después de haber hablado con su tripulación y de que todos hubieran decidido lo mismo. Bacos no era israelí ni judío y los miembros de su tripulación posiblemente tampoco, pero consideraron que era su obligación no abandonar a sus pasajeros y se quedaron con ellos. No hay forma de saber si en otro caso los secuestradores les hubieran dejado marchar, pero su gesto fue muy elogiado por los pasajeros, por las autoridades israelíes, por todo el mundo… excepto por su empresa. La compañía Air France impuso una sanción a Bacos al considerar que había puesto en peligro inútilmente la vida de los miembros de su tripulación. Ver para creer.

Michel Bacos, el piloto del avión secuestrado

LA REACCIÓN
 
La lucha en su sentido estrictamente militar no fue la única que tuvieron que llevar a cabo los soldados israelíes para rescatar a los rehenes, antes fue la lucha contra la corrección política y los reparos de su propio gobierno. El riesgo de provocar un grave incidente internacional era muy elevado y como bien es sabido, en estos casos siempre se juzga a Israel con un doble rasero. La comunidad internacional condena el secuestro, pide tibiamente la liberación de los rehenes y ahí se queda, para a continuación afilar las garras… ¡CONTRA ISRAEL! porque la mayor preocupación de todo el mundo en esos momentos no parece ser el daño que puedan sufrir 106 inocentes pasajeros, sino el que puedan sufrir los terroristas si hay un rescate. Ahí todo el mundo saca la Convención de Ginebra junto con los Derechos Humanos, y a mirar con lupa que Israel no se salte ni una coma porque de lo contrario recibirá sanciones, protestas, acusaciones de genocidio, expedientes ante la ONU, etc. A los terroristas únicamente se les pedirá, y con la debida educación, si tienen a bien ser buenos chicos y liberar a los rehenes voluntariamente, aunque se hayan pasado la vida limpiándose el cristal de las gafas con la Convención de Ginebra y los Derechos Humanos. Así son las cosas en este mundo y así sabe Israel que son, por eso sus actuaciones en este campo no tienen nada que ver con las actuaciones de cualquier otro país.

“It can be done, and if somebody have to do it, is us”
“Puede hacerse, y si alguien puede hacerlo somos nosotros.”

Teniente Coronel Jonathan Netanyahu


Peres, Rabin y Bacos
Pero el hecho de que la imagen de Israel ante el mundo pudiera salir mal parada debía parecerles el menor de los males a Simon Peres, Ministro de Defensa en aquella época, Yigal Allon, Ministro de Asuntos Exteriores e Isaac Rabin, Primer Ministro de Israel. El problema era que la vida de los rehenes pendía de un hilo y si se realizaba un rescate militar, la vida de los mejores soldados de Israel pendería de otro. Si se hubiera dejado el más mínimo detalle sin planificar, si algo no hubiera salido como se esperaba, si alguien hubiera cometido un error por nimio que fuera o simplemente si hubieran tenido mala suerte, la tragedia habría sido terrible. Ni uno solo de los 106 rehenes, ni uno solo de los militares que se desplazaron a Uganda para rescatarlos hubiera regresado a Israel, ni vivo ni muerto. Ése era el temor del gobierno y ésa fue la primera misión de los militares, convencerles de que el rescate era posible y de que si alguien podía hacerlo eran ellos.

Pero ningún político tenía claro que una intervención militar fuera una buena idea dado el tremendo riesgo que representaba, así que la primera opción de Peres fue entablar conversaciones con los secuestradores. Ello contradecía su estricta política de no negociar con terroristas, pero la situación era demasiado grave y las opciones demasiado escasas, así que Peres negoció, y consiguió que el plazo se alargara en tres días, hasta el 4 de julio. Fue un respiro vital.

“Rechazando ponerse de rodillas frente al chantaje y el terror, una nación asediada de sólo tres millones de personas envía a sus mejores hombres a miles de kilómetros, a un país hostil en una misión plagada de riesgos.”


LA OPERACIÓN
 
La operación comenzó mucho antes de que nadie pensara que era posible realizarla, la inteligencia israelí empezó a trabajar automáticamente en cuanto se supo del secuestro y en dos horas ya tenían planos y vídeos de la terminal de Entebee, lo cual tiene un mérito inmenso teniendo en cuenta que hablamos de 1976 y la tecnología más avanzada de la que disponían era un teléfono de rosca, ni internet ni nada que se le parezca. Pero una gente capaz de cultivar flores en el desierto puede con eso y con más. Aún así, fue una operación en la que por cuestión de tiempo apenas hubo trabajo de inteligencia, y eso ya la hacía mucho más arriesgada y complicada que cualquier otra de las llevadas a cabo hasta entonces, sin contar la enorme distancia y el terreno hostil al que había que desplazarse.

“La misión de la Unidad era tomar el control de la terminal vieja, eliminar a los terroristas, liberar a los rehenes, eliminar cualquier amenaza que pudieran suponer los soldados ugandeses dentro y alrededor del edificio, llevar a los rehenes liberados hasta el cuarto avión y escoltar a los otros aviones y al resto de las fuerzas israelíes desde la retaguardia, hasta que hubieran abandonado Entebbe.”

Sayeret Matkal con Yoni como comandante
La Sayeret Matkal es una minúscula parte del ejército israelí de la que no se sabe casi nada. Es una unidad de élite que se encarga de misiones secretísimas y de alto riesgo, y en la que pueden servir sólo los mejores. Sus miembros están constantemente sometidos a entrenamientos casi inhumanos tanto física como psicológicamente, pero todos son voluntarios y se considera un alto honor pertenecer a la Unidad aunque sus identidades se mantengan siempre en secreto. Nadie sabe quienes son, pero en ocasiones como la que nos ocupa todo un país depende de su trabajo. Israel en 1976 aún se recuperaba de la guerra de Yom Kippur, especialmente sangrienta y con muchas pérdidas para los israelíes, y si en Entebbe morían rehenes o los soldados eran capturados, el país entero se hundiría anímicamente. La responsabilidad de la Unidad iba más allá de salvar las vidas de los rehenes y las suyas propias, estaba en juego el futuro de su país. Y Yoni Netanyahu, como comandante de la Unidad, lo sabía muy bien.

“Y sentías que era un hombre íntegro, pero también sentías algo más: que cargaba al mundo entero sobre sus espaldas”
Teniente Coronel Rami Dotan

El plan consistía básicamente en enviar a Uganda aviones Hércules volando a muy poca altura para evitar los radares del espacio aéreo árabe que se veían obligados a atravesar. En el primer avión irían las fuerzas de asalto con Yoni a la cabeza; en el segundo y tercero, los refuerzos que se encargarían de asegurar el perímetro del aeropuerto; el cuarto estaba destinado a evacuar a los rehenes y prestar ayuda a los heridos, en él se instaló un hospital de emergencia y allí viajaba el personal médico. En total cuatro aviones, varios vehículos dentro de ellos y casi 200 soldados.

Yoni con otros dos oficiales, preparando la operación

La operación se realizaría a medianoche con el aeropuerto cerrado, con lo que era lógico pensar que las luces de las pistas estarían apagadas. Pese a que los aviones disponían de un sistema de radar para encontrar la ruta adecuada aún a oscuras, en un momento de la preparación se planteó al teniente coronel Shiki Shani, uno de los pilotos, la posibilidad de que el radar fallara y no hubiera manera de localizar la pista de aterrizaje, algo que obviamente preocupaba mucho a todo el mundo. La respuesta de Shani fue, literalmente: “si veo que el terreno está oscuro y el radar no encuentra la pista, cogeré la radio y hablaré en inglés con la torre de control, les diré que soy el piloto del vuelo 70 de la East African Airlines, que ha habido un fallo eléctrico general y es una emergencia. Les pediré que enciendan las luces de la pista inmediatamente. Ningún controlador del mundo dejaría de encender las luces después de oír eso, nadie estaría tan loco como para arriesgarse a estrellar un avión con 200 pasajeros a bordo. Encenderán las luces y aterrizaremos, para cuando se den cuenta de lo que de verdad está pasando, la operación ya habrá terminado, ¿de qué os preocupáis?”
Como se puede apreciar, Shiki era un piloto israelí con mentalidad israelí, en estado puro.

Ruta de Israel a Entebbe
La diplomacia consiguió que Kenia, el único país no hostil a Israel en todo el recorrido, diera permiso a los aviones para repostar allí, ya que era imposible cargar con todo el combustible necesario para el viaje de ida y vuelta. La operación iba poco a poco cobrando forma y pareciendo más realizable, pero muy poco a poco. El plan se revisaba y se pulía una y otra vez, los ensayos del asalto se repetían hasta la extenuación, todos se estaban dejando la piel y las fuerzas en preparar una operación que diera resultado, aunque muy pocos confiaban en que los políticos se decidieran a llevarla a cabo.

Al final, tanto Peres como Rabin decidieron dar su aprobación al plan de rescate, y el segundo escollo fueron los engorros de cualquier democracia que se precie: ninguno de los dos ministros podía autorizar por su cuenta una operación de ese calibre sin la aprobación del Parlamento y se tardaría varias horas en reunir al Parlamento, plantear el debate y votar, pero los aviones tenían que salir inmediatamente si querían llegar a Uganda a medianoche, el momento exacto según el plan para que la misión pudiera tener éxito. El plazo terminaba y no habría otra oportunidad, ¿qué hicieron los militares? solucionar el problema a la manera israelí, irse a Uganda sin permiso del Parlamento. Los ministros se comprometieron a reunir inmediatamente al Parlamento y tener ese permiso concedido o denegado en unas pocas horas, y los militares se comprometieron a dar la vuelta a medio camino y volver a Israel si finalmente el permiso era denegado, pero agarraron los aviones y se fueron para Uganda por si acaso. Exacto, a la manera israelí, con un par.

  
“Yoni era capaz de sentir tanto la belleza del retorno a Israel, como el amargo placer de su difícil papel en él.”
 
El vuelo fue largo y accidentado, debido a que debían volar a muy baja altura para evitar los radares, durante las primeras horas sufrieron fuertes turbulencias. Los soldados se mareaban y vomitaban, más de uno pensó que en cuanto aterrizaran en Uganda y tuvieran que llevar a cabo el rescate, sería incapaz de ponerse en pie. Jonathan mientras tanto repasaba los detalles del plan con sus oficiales, a uno de ellos que se había incorporado a última hora, le dibujó un croquis de la terminal ugandesa en una bolsa para el mareo que encontró por el avión. Luego se tumbó en una litera, y por primera vez en una semana caótica, se durmió como un bebé.
Un rato antes del aterrizaje, Yoni ya había despertado de su sueño reparador y volvió a tomar las riendas, fue saludando a todos sus hombres uno por uno, estrechándoles la mano y deseándoles suerte.

“Fue un discurso que jamás olvidaré -dice Alex, uno de los soldados de asalto-. Nos infundió confianza y nos hizo sentir que éramos capaces de lograrlo. Su liderazgo y su capacidad de conmovernos eran simplemente superiores a todo lo demás.”

Croquis de última hora
Ya no había marcha atrás, poco después de medianoche los comandos israelíes aterrizaban en el aeropuerto de Entebbe. Del primer avión Hercules bajaron un Mercedes negro y dos Land Rovers, todos con falsas matrículas ugandesas, ondeando la bandera ugandesa y repletos de soldados israelíes ataviados como si fueran soldados ugandeses. La idea era hacer creer a los guardias del aeropuerto que se trataba del mismo Idi Amin visitando a medianoche a los rehenes, y fue una genial idea que surtió efecto. Sólo tuvieron que eliminar a dos de los guardias con pistolas provistas de silenciador antes de que el resto se dieran cuenta de la farsa y abrieran fuego, pero para entonces los israelíes ya estaban prácticamente junto a la terminal, y los terroristas demasiado ocupados tratando de repeler el ataque como para ponerse a ejecutar rehenes. Había funcionado. Bajo el fuego cruzado, los soldados de la Unidad corrieron hacía la puerta de la terminal, y durante esa corta carrera, varios de ellos vieron como su comandante caía al suelo. Jonathan había recibido un disparo en el pecho, se desplomó y quedó tendido sobre el asfalto, a pocos metros de la terminal y los rehenes.

“Habrá hombres heridos durante el asalto -dijo- que nadie se detenga a auxiliarles.”

“Alguien gritó que habían alcanzado a Yoni, pero los hombres continuaron con sus tareas siguiendo las órdenes de Yoni de no prestar atención a los heridos hasta que los rehenes hubieran sido liberados.”


Amarga decisión, muy amarga, pero imprescindible para asegurar el éxito de la operación.  Dando esas órdenes, el propio Yoni impidió que se le prestara auxilio en un momento vital, pero prestarle ese auxilio quizá hubiera comprometido la seguridad de los rehenes y de otros soldados así que sus compañeros le dejaron allí y siguieron adelante con el plan de rescate. Qué duro debió ser para ellos.

El número cuatro marca el lugar donde Yoni fue herido, poco antes de la puerta principal de la terminal donde se encontraban los rehenes 

Los soldados entraron en el hall de la terminal gritando a los rehenes que se quedaran tendidos en el suelo, y disparando a los secuestradores. En pocos minutos habían neutralizado a todos los terroristas y soldados ugandeses que vigilaban a los rehenes, luego parte de ellos salieron para asegurar el resto del edificio y los demás se quedaron organizando la evacuación. Los rehenes estaban casi todos en estado de shock, apenas podían creer lo que acababa de suceder allí, pero poco a poco empezaban a darse cuenta y más de uno no pudo reprimir una explosión de alegría. Después de una semana de privaciones, de incertidumbre y angustia, “la salvación llegó de repente, en forma de jóvenes israelíes surgiendo de la noche”. Exactamente 51 minutos después de que los comandos tomaran tierra en Entebbe, el Hercules Cuatro despegaba de la misma pista llevando a bordo a los rehenes rumbo a Israel, rumbo a casa.

Cuando los rehenes empezaron a salir de la terminal, Yoni seguía tendido en el suelo frente a la puerta y estaba inconsciente. Entonces ya pudieron sus compañeros acercarse  a él y un médico le examinó allí mismo, vio una herida en el brazo que no parecía grave y un agujero de salida de bala en la espalda, pero tuvo que rasgar la ropa para encontrar el agujero de entrada en el pecho, que apenas sangraba. Supo enseguida que Yoni tenía una gran hemorragia interna y que la situación era crítica, así que le subieron rápidamente a una camilla y le llevaron al avión hospital, donde los médicos se pusieron a trabajar frenéticamente para salvarle la vida.

“No pienso pedir permiso, si Amin está allí, le mataré”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu, 1976, durante el vuelo a Entebee


Dora Bloch
Una de las rehenes, Dora Bloch, se había sentido enferma después de unos días de estar retenida en la terminal del aeropuerto y había sido trasladada a un hospital. Dora era una judía británica de 75 años que vivía en Israel y viajaba junto a su hijo Ilan, a quien no le fue permitido acompañar a su madre. En el hospital diagnosticaron a Dora un ataque cardíaco, y tras ser tratada por los médicos ugandeses su vida no corría peligro aunque tuvo que quedarse allí. Dora recibió la visita del embajador en Uganda del Reino Unido, quien declaró que había conversado con ella y la había encontrado bien, recuperándose y animada. Esa misma noche se produjo el rescate y como era de esperar eso cabreó enormemente a Idi Amin… al día siguiente el embajador del Reino Unido repitió su visita pero Dora había desaparecido y nadie sabía donde estaba, pese a la insistencia del embajador nadie le decía nada, como si la mujer no hubiera estado allí nunca. Al final, una aterrorizada enfermera le contó a escondidas que a Dora la habían asesinado los hombres de Idi Amin, dejando caer que había sido el propio dictador quien la mató de un tiro en la cabeza. Sí, le pegó un tiro en la cabeza a una indefensa mujer de 75 años, a una anciana tendida en la cama de un hospital que había sufrido en pocas horas un secuestro aéreo y un ataque al corazón, y cuyo único delito era ser judía ¿quién no querría matar a un tipejo capaz de semejante atrocidad? Yoni sabía a qué clase de sádico se enfrentaba y por eso quería matarle, por eso le habría matado de haber tenido la mínima oportunidad. El cuerpo de Dora apareció unos días después tirado en un descampado de los alrededores de la ciudad. El gobierno de Uganda nunca dio una explicación oficial de lo que había sucedido con ella.

Algunos de los rehenes liberados, bajando del Hércules a su llegada a Israel

Yitzhak David era otro de los rehenes israelíes. Si para cualquier persona lo que estaba pasando sería una terrible experiencia, para Yitzhak lo era doblemente puesto que tuvo que revivir la peor etapa de su vida, la que llevaba años tratando de dejar atrás aunque nunca se puede. Él ya era un anciano en 1976 pero aún conservaba su “número” en el antebrazo, el que le habían tatuado en el campo de concentración nazi donde estuvo prisionero en su juventud.

Además de Dora, otros tres rehenes murieron durante el asalto a consecuencia del fuego cruzado entre los soldados israelíes y los terroristas. Sus nombres eran Jean Jacques Maimoni, Ida Borokovitch y Pasco Cohen.

El soldado Amir Ofer ayudaba organizar la evacuación de los rehenes cuando otro compañero le pidió ayuda, porque había una mujer muy alterada que no hablaba hebreo. Amir se dirigió a ella y la chica le dijo a gritos que se encontraba gravemente herida y que no podía andar. Amir comprobó que sólo tenía un par de heridas leves en el antebrazo y en el muslo, y le dijo que saliera con los demás rehenes y que en el avión la vería un médico pero la mujer seguía medio histérica, sin hacerle caso. Finalmente el jefe de Amir le dijo “vamos, sácala de aquí como sea”, y el soldado obedeció y cargó a la mujer sobre sus hombros para llevarla al avión. Al salir les rozó muy de cerca una bala, y el pobre Amir pensó que si les estaban disparando desde la torre la próxima bala caería en su cabeza, y no tenía ninguna gana de morir por culpa de aquella testaruda que no atendía a razones. Así que no se lo pensó mucho y recolocó a la chica sobre sus hombros pero entre su propia cabeza y la torre, de manera que si caía otra bala le daría a ella. Por suerte no hubo más balas, sólo unas cuantas risas por parte de Amir cuando unos días después vio a la mujer en televisión diciendo a los micros: “todo el mundo se había olvidado de mí excepto un soldado, un héroe que me salvó y me sacó de allí en brazos”. Menuda película que se había montado la chavala, ¿se daría cuenta alguna vez de que su estupidez por poco les cuesta la vida a ella y al héroe?

“Los dos disparos del ugandés fueron el único fuego en la nueva terminal, pero para Surin significaron el principio de una sentencia de por vida.”


Sargento Surin Hershko
Surin Hershko, de 21 años, sargento de la unidad de paracaidistas, se había licenciado el día anterior al secuestro. Cuando fue requerida su participación en la operación de rescate, no lo pensó dos veces y se reincorporó a su puesto. En Entebbe, Surin y sus compañeros se encargarían de asegurar el edificio de la nueva terminal, reteniendo al personal civil hasta que el rescate hubiera finalizado. En principio no se esperaba que hubiera soldados ugandeses en la torre, así que los israelíes recibieron la orden de dejar puesto el seguro de sus armas, orden que Surin obedeció con consecuencias fatales.

Surin subía por una escalera de caracol con nula visibilidad, cuando se encontró de repente frente a dos policías ugandeses, uno de los cuales le disparó de inmediato. Al llevar puesto el seguro en su arma no tuvo tiempo de reaccionar y una de las balas le dio en el cuello. Cuando llegaron sus compañeros Surin estaba completamente consciente pero no podía hablar ni moverse, y sangraba por el cuello. Aunque supo enseguida que tenía la médula espinal afectada, en ese momento no se dio cuenta de lo grave que era su herida, ni de que las secuelas durarían para siempre. Desde ese día Surin vive sentado en una silla de ruedas y aunque recuperó el habla quedó tretrapléjico, jamás ha vuelto a andar ni a mover los brazos. Aún sonríe cuando recuerda Entebbe, y dice que a los 21 años nunca piensas que algo así pueda sucederte.


YONI
 
Cuando Yoni era atendido por los médicos al pie del avión, durante un momento recuperó en parte la consciencia. En ese momento se oían fuertes disparos y su instinto de soldado fue superior a la grave situación en que se encontraba, intentó levantarse y murmuró algo que los demás no consiguieron entender, antes de perder el conocimiento de nuevo. 

La última foto de Yoni, justo antes de Entebbe
Yoni murió unos minutos después en el avión ya en el aire y camino de Israel, tras varios intentos tan desesperados como inútiles por reanimarle. Su hermano Iddo se pregunta con cierta amargura si esos segundos en la camilla fueron suficientes para que se diera cuenta de que lo habían conseguido, de que habían liberado a los rehenes sin apenas bajas, de que la operación en la que se dejó la vida iba a pasar a la historia como uno de los mayores éxitos de su amado ejército. No podemos saberlo, pero me gusta pensar que sí. Jonathan Netanyahu es uno de esos personajes de los que alguien que escribe se enamora inmediatamente, uno de esos seres a los que se admira en cuanto se conoce un poco sobre él. Murió hace cuarenta años y escribiendo este artículo he llegado a quererle como a uno de mis mejores amigos, así que quiero pensar que sí, que lo supo, que después de su corta y atormentada existencia encontró por fin la paz en esos segundos en los que por última vez estuvo consciente. Quiero pensar que murió con una sonrisa en el corazón y con la satisfacción del buen soldado que ha cumplido con su deber.

“Así es como son los héroes del siglo XX. Éste es el tipo de hombre que el mundo libre necesita hasta que las tiranías que engendra el terrorismo hayan caído.”

Por si a alguien le suena el apellido sí, Jonathan era el mayor de tres hermanos, el segundo de los cuales, Benjamin, es hoy en día el Primer Ministro de Israel. Pero en aquella época mediados los 70, los dos no eran otra cosa que jóvenes y desconocidos soldados, al igual que miles de sus compatriotas.

Los jóvenes hermanos Netanyahu, de izquierda a derecha Benjamin, Iddo y Jonathan

“Un hombre que comprendió que el bien no podría luchar contra el mal si carecía de la fuerza física necesaria para defenderse.”

Tan políticamente incorrecto como acertado. Para nuestras comodonas mentes occidentales, tan acostumbradas al “paz y amor” y a que todo se arregla con diálogo, suena cruel, pero los israelíes saben perfectamente que cuando alguien está firmemente decidido a matarte, más vale que lo mates tú primero; que cuando toda una civilización está firmemente decidida a exterminar la tuya, más vale que lo impidas por la fuerza. Y por supuesto que soy partidaria del diálogo y creo que muchas cosas se solucionan mediante el diálogo y la negociación, pero cuando quien está enfrente no te deja esas opciones hay que estar preparado para utilizar la fuerza. En ese aspecto soy tan políticamente incorrecta como Jonathan y la gran mayoría de los israelíes, ellos al fin y al cabo llevan 68 años viviendo con ese dilema y tienen las cosas más claras que los europeos. Ignorantes como somos, no nos hemos dado cuenta aún de lo que se nos viene encima si seguimos pretendiendo que todo se arregla con amor y tolerancia.

“Más tarde o más temprano es el destino de alguien como Yoni: el choque inevitable entre su extraordinaria personalidad y las cosas que ve alrededor y que no puede aceptar.”

“Mi vida me pertenece, y también mi muerte”
Yoni Netanyahu, a sus hermanos

Jonathan, siendo un joven soldado
Jonathan fue desde siempre un chico introvertido. Pese a ser muy apreciado por sus compañeros tanto en el ejército como fuera de él, siempre mantuvo un halo de misterio. Quienes le conocían sabían que llegados a cierto punto se volvía impenetrable, se quedaba a solas hablando con sus pensamientos y seguramente luchando contra algunos de ellos. Yoni tenía una de esas mentes privilegiadas y tormentosas que se dan pocas veces en la vida. Estudió filosofía y matemáticas en Harvard y en la Universidad Hebrea de Jerusalén, cumplió el servicio militar obligatorio, retomó sus estudios… y los dejó a medias porque no podía vivir ni un día más sin dedicarse íntegramente a proteger a su país.

“Dado que no tengo pensado narrarles a mis nietos la historia del Estado Judío en el siglo XX como un breve y transitorio pasaje entre los miles de años de nomadismo, pienso aferrarme a este pedazo de tierra con todas mis fuerzas.”
Teniente Coronel Jonathan Netanyahu

Yoni tomó entonces dos decisiones difíciles y a contracorriente: volver al ejército y volver a formar parte de la Unidad. Podría haber terminado sus estudios y haber trabajado toda su vida dando clases, podría haber estado en cualquier puesto mucho menos exigente que la Unidad, pero hizo lo que él necesitaba hacer, lo que su cuerpo y su cabeza le pedían aunque nadie lo entendiera. En ese tiempo ya llevaba varios años casado y su matrimonio se resintió tanto que acabó rompiéndose. Mientras decía echar de menos la felicidad conyugal de sus hermanos, el eterno solitario Yoni era capaz de amar con una intensidad desgarradora. A su país, a su familia, a su trabajo y a las mujeres que tuvieron la suerte de conocerle y quererle.

“Y amo con ataduras casi insoportables, y por eso grito.”

“Menos mal que te tengo a ti, y menos mal que tengo un lugar donde descansar mi agotada mente.”
Yoni Netanyahu, en sus cartas

Yoni con Tutti
Tutti fue su primera mujer, con la que se casó muy joven y con quien siempre mantuvo una buena relación incluso después del divorcio; Bruria fue su última novia, la que le dio el beso de despedida antes de partir a Entebbe y ya nunca pudo volver a besarle. La tendencia de Yoni a encerrarse en sí mismo no debió de facilitar en absoluto sus relaciones personales; tampoco debió ser fácil estar a su lado, pero ellas estuvieron.

Algún tiempo después de la guerra de Yom Kippur, Yoni estaba contándole a su hermano Iddo los pormenores de una batalla en el Golán contra el ejército sirio, en la que había participado y en la que él y sus hombres habían logrado conquistar una posición frente a un grupo de soldados sirios mucho más numeroso. En un momento determinado, Yoni  le dice: “pobres sirios, qué mala suerte ir a darse de frente con la mejor unidad de combate del mundo.” E Iddo añade: “y yo pensé, aunque no se lo dije, que habían tenido peor suerte aún: habían ido a darse de frente con él”. Así era el Yoni guerrero, tan humilde como inquebrantable.

Al regreso de Entebbe, la noticia de la muerte de Yoni empañó la alegría del éxito de la operación. Las manifestaciones de júbilo se sucedían por todo el país, pero quienes habían conocido a Yoni sentían más la amargura de su ausencia que el alivio por los rehenes y el regocijo de la victoria. El ministro de Defensa Simon Peres reconoce que el momento en que se enteró de la muerte de Yoni, fue el único de toda esa terrible semana en que no pudo contener las lágrimas. Cuando preguntó al Mayor Muki Betser cómo fue que Yoni resultó herido, éste simplemente le respondió: “avanzaba el primero y cayó el primero.”


Benjamin Netanyahu visita con su esposa la tumba de su hermano Jonathan
“La única manera de luchar es renunciar a tener miedo, renunciar a rendirse”
Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel





“A pesar de todo, hay algo de mágico en lo que estamos haciendo.”

“Quién más ama la vida es quien menos teme a la muerte.”

Yoni Netanyahu, en sus cartas.

PD: todas las citas de este artículo, han sido extraídas de los libros “Las cartas de Jonathan Netanyahu” y “Yoni´s last battle”.